Esta semana los productores de discos musicales perdieron una nueva batalla, de una manera simple y brutal. Leí que la protección contra copia que tienen los CDs puede burlarse, mediante el simple sistema de hacer una línea en su orilla con un marcador. Así, el lector de CD ya no puede acceder a la protección anti copia y el disco puede reproducirse en los PCs de todo el mundo… una y otra vez.

Han perdido tantas batallas hasta ahora, que la pequeña victoria que se anotaron contra Napster, casi no parece tal.

Resumiendo un poco la historia, debemos recordar que Napster nació a comienzos de 1999 en los dormitorios de alumnos de la Northeastern University, en Boston, Massachussets. Allí, un estudiante de 19 años halló la solución para ingresar y copiar el contenido de las computadoras de sus compañeros, lo que aplicó a la reproducción e intercambio de archivos de música en formato mp3. A mediados de ese año ya tenía encima a la industria de grabaciones musicales de Estados Unidos, porque mediante su sistema –amplificado por el alcance de Internet- se estaba copiando música sin pagar los derechos de autor correspondientes.

No alcanzaron a pasar dos años, cuando Napster se vio obligado a cerrar sus operaciones y buscar la forma de operar legalmente, la cual no encuentra hasta ahora. De hecho, lo último que pasó fue el anuncio de que la disquera gigante alemana Bertelsmann se quedaría con todo por un precio de 8 millones de dólares, incluyendo la tecnología, la forma de operar y… la lista de clientes registrados.

¿Fue una victoria la de las disqueras el cierre de Napster y quedarse con todo lo que tenía adentro? Podría verse de esa manera, indudablemente. Al igual que podría serlo el hecho de que KaZaA (junto a Grokster y Morpheus, todos clones de Napster), anunciara en la semana que no podrá seguir adelante con sus operaciones si debe hacer frente a una batalla legal contra las disqueras.

Pero no me cabe duda de que se trata de victorias parciales, no porque crea que deben existir los sistemas de intercambio de archivos que no paguen los correspondientes derechos a los autores que crearon esas composiciones. Nada más lejos de eso, ya que me parece bien que esa protección exista.

No, mi alegato va por otro lado. Tiene que ver con el hecho de que las disqueras y en el fondo, todos los grandes conglomerados que están echando abajo los sistemas de intercambio existentes a través de Internet, lo único que buscan es evitar que la tecnología se les vaya por encima. Simplemente no quieren usarla, porque desean seguir haciendo su dinero en la forma tradicional. Y, de paso, ahorrarse la mayor cantidad de problemas posibles.

Si lo vemos en términos simples, siento que al menos en el caso de las disqueras, lo que se busca es tapar el sol con un dedo y manifestar que, de hecho, está nublado. Cuando todos nos damos cuenta de que no es así.

¿Qué me gustaría ver entonces? Pues que, ya que tienen la tecnología, den un paso adelante y la usen, que la aprovechen. Y, puesto que ellos desarmaron lo que había basados en buenos motivos, tienen en sus manos la siguiente gran tarea. ¿Cuál es? Inventar un sistema de música en línea que haga sentido para todos: para ellos, los usuarios, los autores y los distribuidores. De tal manera que la tecnología y su uso a través de Internet nos asegure que tendremos más y mejor música, a un precio justo.

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