David Levine tenía una idea increíble: hacer una red mundial de computadores aprovechando la Internet, para tener a un millón de personas jugando al mismo tiempo sobre un mismo ambiente.

Pero había un problema. Su visión surgió al conocer la Internet en el año 1993 y nadie le creyó ni menos accedió a financiarla. Así que cortó por lo sano y se dedicó a lo que estaba más cerca: hizo una empresa “punto com” para dar servicios de software, seguridad e infraestructura computacional para las empresas que estaban en ese tiempo, recién comenzando a utilizar la red mundial de computadores. Luego, armó otra compañía, dedicada a la transacción en línea para el mercado secundario de créditos hipotecarios.

Pero no se olvidó de su idea. Por eso, y apenas pudo, dejó atrás todo y en agosto de 2000 volvió por su sueño. Fundó Butterfly.net, utilizando el mismo nombre de dominio que ya había registrado en 1993, al comienzo de todo… y comenzó a trabajar.

Para ello, utilizó todo lo que se estaba investigando en torno al concepto de “grid” que en español puede traducirse como malla y que, en realidad, se refiere a la idea de que mediante una red computacional y el software adecuado, es posible compartir todos los recursos computacionales existentes en diferentes lugares del planeta, de una manera que no se ha experimentado hasta hoy. Pero, la diferencia con todo lo conocido, es que no importa la máquina desde la que uno se conecte –PC, consola de juegos, dispositivo inalámbrico-, por el hecho de estar insertado en esta “malla”, uno tiene acceso a todo el poder que otorga el conjunto.

La “magia” tecnológica que hay tras el concepto es tan fuerte, que ya IBM firmó un acuerdo con Butterfly.net en marzo de este año para trabajar en conjunto en una plataforma de juegos, que permita que cuatro millones de personas puedan participar en un mismo ambiente virtual. Hasta ahora, el más exitoso de los Massive Multiplayer Online Game es “Everquest” de Sony, un juego de rol en el que participan “sólo” 500 mil usuarios simultáneos, aunque separados en áreas.

De hecho, en un reciente “paper” académico, un investigador de IBM explicó que la “computación basada en “mallas” ha sido proclamada como la sucesora del web. La define como “una capa de software y servicios que se ubica sobre los sistemas operativos y enlaza a diferentes sistemas, permitiendo compartir sus recursos. Agregando la capacidad de compartir de manera extensiva el poder computacional, las aplicaciones y espacio de almacenamiento a las habilidades actuales del Web para compartir texto y multimedia, pueden resolverse los problemas que requieren uso intensivo de recursos computacionales, los aparatos pueden trabajar más allá de sus propios límites y la colaboración puede llegar a ser más intensa”.

La pregunta obvia, es ¿por qué un área tan apasionante ha estado tan oculta, que es casi desconocida? Pues, porque hasta ahora ha estado en discusión en foros académicos y porque se ha estado esperando el avance computacional y de redes, para hacerlo realidad. Pero, al parecer el tiempo ha llegado. Ya se le están viendo aplicaciones a esta “malla” a través de empresas como Globus y TeraGrid, y se le ven posibilidades concretas de uso para apurar el cálculo del genoma, para intervenir en cálculos de clima y otros parecidos.

De hecho, ya hay conferencias de índole comercial dedicadas al tema, como la que se hará en Boston, Estados Unidos, en un mes más. Y en la que estará presente Levine, como panelista. Porque él mismo siente que ya es tiempo de que su sueño se convierta en realidad.

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