Dos noticias llegadas con pocos días de diferencia hablan de grandes inversiones que se están haciendo en países sudamericanos.

Siemens, la gigante alemana, eligió a Manaos, Brasil, para instalar una planta de investigación y desarrollo de telefonía móvil con una inversión de 110 millones de dólares. Mientras que Tata Consultancy Services, la empresa líder de soluciones de software y consultoría en India, decidió poner 30 millones de dólares en Montevideo, Uruguay, para instalar su oficina que atenderá a toda América Latina y Estados Unidos.

Las razones que esgrimieron ambas compañías para llegar a esos países son parecidas. Para empezar, ambas eligieron instalarse en zonas francas. Luego su interés era estar cerca de los clientes. Y finalmente, conseguir una posición privilegiada dentro del entorno latinoamericano.

Las reflexiones que surgen de estas noticias, que por aisladas no dan como para pensar en una tendencia, es que cada uno de los países latinoamericanos, sin importar las crisis que de tanto en tanto los afectan, son áreas de interés para las multinacionales.

En este sentido, las ventajas que muestran algunos países se desvanecen rápidamente frente a la decisión de algunas compañías que invierten en ciertas áreas sin mayores objeciones. Por ejemplo, si tomamos el ejemplo de Brasil, un estudio de la Nacional Science Foundation de Estados Unidos mostraba que hasta el 2001 había acaparado nada menos que el 49% de la inversión en alta tecnología en Latinoamérica. Y combinado con Argentina y México, llegaban al 90 por ciento.

Es decir, pese a todo lo que mostraban los otros países en orden de cuentas fiscales, crecimiento, estructuras sólidas, el imán de los tres ha sido tan fuerte que pocos pueden resistirlo.

En el caso chileno el enfoque ha sido el de privilegiar la instalación en el país de centros de servicios y desarrollo de algunos productos, como es el caso de Altec que dará servicios de tecnología al Banco Santander de América Latina. Con una inversión de 15 millones de dólares, esperan ahorrar entre 300 a 400 millones de dólares por año. Decisiones similares han tomado las aerolíneas Air France, Delta, la fabricante de celulares Motorola, la multinacional de productos detergentes Unilever, la fabricante de alimentos Nestle.

Sin embargo, al ver las cifras locales queda claro que por mucho que Chile avance en temas de desarrollo en un estilo “normal”, es decir entregando reglas estables, buena infraestructura y calidad de vida, no avanzará hacia un cambio significativo en cuanto a las inversiones que deberían llegar para ayudar al desarrollo del país. No tenemos un mercado lo suficientemente grande como para que algún gigante se interese por quedarse en el país. Además, los supuestos interesados nos perciben “lejos” de los centros de distribución importantes, como para pensar en instalarse aquí para atenderlos.

Por lo tanto, parece que la única forma de competir con los vecinos y ganarles dando un salto competitivo que nos deje bien adelante, será por la vía de ofrecer algo a lo que no le hemos sacado provecho aún, como es la capacidad de innovar utilizando mucho ingenio y nuestra inteligencia para usar las tecnologías de información.

Hay que innovar en la forma de hacer negocios, en la manera de ofrecer el país, en los incentivos que deben existir. Nadie llegará a Chile, es decir, tan lejos, sólo porque es un país ordenado. Eso, sin duda que ayudará, pero no será la clave al momento de decidir.

Hay empresas nacionales, como es el caso de Cintac que han florecido en un mercado que sigue a la baja, sólo por su capacidad de innovar. Hay que tomar ese ejemplo, sacar las lecciones y ponerlas en práctica. Sólo así competiremos y ganaremos.

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