En las últimas semanas he utilizado estas columnas para referirme a temas de diseño, usabilidad y accesibilidad de sitios web, entregando una serie de conceptos que recogido del mercado y los he puesto en orden, para presentarlos a mis lectores. La tarea ha tenido frutos: los mails, no digamos que se han acumulado en mi casilla, pero han llegado regularmente con comentarios referidos a los conceptos que he ido entregando.

Por ello, y como una forma de resumir para quienes no han visto las anteriores, he decidido escribir en esta columna un breve “Manual del Diseñador Responsable”. Recordemos que como planteaba Gracián, \”lo bueno, si es breve, dos veces bueno\”.

Lo que encontrarán a continuación son una serie de recomendaciones, que a mi juicio, son las más importantes de manejar a la hora de sentarse a resolver un problema gráfico para hacer un sitio web.

1. Debe entender el medio: para hacer un sitio web como para trabajar para cualquier otro medio de comunicación, lo primero que se debe entender es cómo funciona. En este caso, la palabra es interactividad. La primera pregunta que se hace sobre un sitio web no es “qué dice” o “de qué se trata” sino que es “¿qué hace?”. Porque se asume que es interactivo: uno va al sitio y ocurren cosas de interés. Por ello, lo primero a pensar no es en diseño, sino que hay que ir un poco más allá y plantearse cuál será la experiencia del usuario que lo visita.

2. Debe entender sus herramientas: para trabajar en sitios web se usa mucha tecnología, pero lo más importante no es mostrar lo que el programa tal o cual puede hacer, sino que tener un a buena idea primero y luego ver con qué se hace. He visto muchos diseñadores que deciden la tipografía de un logo mirando la paleta de fuentes instaladas en el computador. Sí, es un recurso. Pero en realidad, ¿no deberían primero saber qué buscan antes de poner a mirar el desfile de letras a ver cuál le hace juego?

3. Debe conocer los materiales: los sitios web se hacen con html; eso es lo básico. Por lo tanto, el buen diseñador debe conocer el código y evitar que sea “sucio”. Es decir, que tenga un exceso de información que lo único que hace es conseguir que la página pese más de la cuenta pero que no aporta nada al despliegue. Lo mismo vale para los “meta-tags” que dan información del sitio a los buscadores. No usarlos, es imperdonable.

4. Debe preocuparse de su audiencia: el sitio tiene un destinatario principal y hacia él debe estar enfocado el esfuerzo, aún a costa de hacer sacrificios. Si la audiencia es de más de 40 años de edad, se debe ofrecer la posibilidad de agrandar la tipografía del texto, aunque el diseño sufra. De lo contrario, los usuarios no verán el contenido y se alejarán del sitio. La audiencia satisfecha vuelve, recomienda el sitio y confía en el diseñador a cargo.

5. Debe responder a un concepto: tras todo buen esfuerzo de marketing y comunicaciones, siempre hay un buen concepto. Es el punto de partida, que genera todo lo que se crea en el sitio. Por lo tanto, antes de partir hay que esforzarse por encontrarlo, para que sea éste el que guíe el desarrollo de lo que se incluirá en el web.

6. Debe enseñar a su cliente: el diseñador tiene la responsabilidad de hacer que su cliente sea mejor cada día, entregándole desde conocimientos hasta elementos de juicio nuevo, para entender y avanzar en lo que se va haciendo. No basta con disculparse diciendo “es que el cliente lo quería así”. Es cierto, hay clientes tozudos. Pero también es cierto, que hay clientes que van evolucionando guiados por la mano, el gusto y el trabajo esforzado del diseñador que trabaja en sus sitios.

7. Debe agregar valor: se debe considerar que lo que se haga en un sitio, debe aportar valor en términos profesionales y no sólo ser un “adorno” convincente. Debe ayudar en todo sentido: a vender, a convencer, a generar una atmósfera determinada, etc.

8. Debe ser innovador: todo sitio web debiera caracterizarse por entregar elementos innovadores a quien los está visitando, de manera tal, que vea cómo la tecnología le aporta algo para entender mejor el mundo con el que interactúa. El diseño de un elemento tecnológico como el web, por lo mismo, debe colaborar en este sentido y ayudar en la tarea.

9. Debe ser valiente: ya que hablamos antes de clientes tozudos, reafirmemos el concepto en un punto aparte como este. Hay que jugársela por innovar; agregar valor; enseñar; buscar, desarrollar y defender conceptos; entender y atender a la audiencia y aprender cada día más de los materiales, las herramientas y el medio. Sólo de esa manera, los clientes verán a quienes diseñan sus sitios, como profesionales a los que hay que escuchar con atención.

Hasta ahí mi aporte. Y ahora, ¿qué más le agregarías a este Manual?

¿Quieres saber más?

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