La medida tomó por sorpresa literalmente a todo el mundo. La industria discográfica de Estados Unidos (RIAA por sus siglas en inglés) demandó a 261 personas por bajar ilegalmente música a sus computadores por Internet, en una medida que podría seguir ampliándose en los próximos días.

La ofensiva tiene como objetivo entregar respuestas concretas de parte de esa industria en contra del principal “enemigo” que la ha afectado en el último, cual es el de la piratería de pequeña escala, en que personas están copiando y usando las canciones sin pagar los derechos por usarlas.

“A nadie le gusta jugar el papel de malo y tener que llegar hasta un juicio. Pero cuando su producto es robado regularmente, llega el momento en que se debe tomar la acción apropiada. Simplemente no podemos permitir que la piratería continúe destruyendo la forma de vida de los artistas, músicos, compositores, vendedores y todas las personas de la industria de la música”, como explicó Cary Sherman, presidente de la RIAA. Agregó que su mensaje a quienes piratean música es que no pueden confiar en el anonimato de su acción y que más aún, que enfrentarán a riesgos ciertos por hacerlo.

No obstante, dicha medida está siendo desarrollada en conjunto con otras iniciativas, entre las que destaca la amnistía, por ejemplo, a usuarios que voluntariamente se denuncien como piratas y se comprometan a abandonar la actividad. Y, otra aún más interesante, es la de Universal Music de bajar el precio de sus discos en un 30 por ciento.

En este sentido, es claro que la industria musical y cualquier otra que se pueda digitalizar, es decir cuyos productos se puedan transformar en archivos que puedan ser traspasados a través de redes informáticas, debe tomar medidas para enfrentar el desafío de llegar de una nueva manera a sus clientes. Deben, por ejemplo, darse cuenta que ellos ya no sólo son receptores de dichos productos sino que ahora tienen en sus manos la posibilidad de reproducir con buena calidad la información que reciben para compartirla más allá del uso tradicional. En este sentido, tal como en el software se puede hacer respaldo de un programa por motivos de seguridad, ¿es lícito copiar un CD con el mismo propósito? O bien, ¿se puede hacer una recopilación de varios discos, con el fin de agrupar en una sola placa todos los temas que a uno le interesen?

Las preguntas son atingentes si se toma en cuenta que los usuarios de los productos musicales tienen en sus manos los equipos computacionales que pueden hacer eso de manera fácil y rápida. Y con buena calidad además.

También lo son, cuando ahora es posible la compra de los productos musicales por unidad, es decir, por canción. Por lo mismo, ¿es razonable tener que esperar el “disco” de un artista, cuando lo que a uno le interesa, probablemente, es su principal canción? La pregunta es importante al considerar que Apple se ha anotado un éxito importante en la venta de esa manera, llegando a vender 10 millones de canciones al precio de 99 centavos de dólar.

Queda claro, con las demandas de la RIAA, que para los usuarios ya no será posible volver a ver juntas las palabras Internet y gratis en lo que a música se refiere. Pero, para la industria musical, probablemente tampoco será posible seguir mirando la forma de vender sus productos de la manera que estaba haciéndolo hasta ahora… ni siquiera en el precio.

La tecnología ha llegado con sus cambios profundos y mientras más rápido nos adaptemos a ella, mejor será para todos.

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