¿Cuánto vale mi casilla de correo? La pregunta no me había inquietado hasta que esta semana me llego la respuesta a través de un par de mails de esos “no solicitados”, que suelen atiborrar mis casillas de correo electrónico.

Descubrí que puedo transformarme en “spammer” con sólo pagar la módica suma de 0,17 pesos chilenos por cada mail enviado a un destinatario que ni siquiera conozco.

Esta fue la oferta número uno, que me permitía contactar a 400 mil personas por apenas 68 mil pesos. Según el mail que me llegó, las “listas de correo nacionales” incluían “personas naturales, pymes, profesionales, ejecutivos, empresas, administradores, etc.”.

La oferta número dos, en tanto, ofrecía “llegar a 100.000 e-mail efectivos en todo Chile, correspondientes a empresarios, ejecutivos y profesionales de todos los rubros. Todos ellos tienen correo electrónico y navegan habitualmente en Internet”. ¿El precio? Un poco más caro: 50 mil pesos, es decir, 50 centavos de peso chileno. Esta última indicaba que “nuestro listado de E-mail fue obtenido de sitios públicos, directorios en Internet, directorios impresos”.

Finalmente la tercera me llegó como parte de un mail no solicitado enviado por una respetable institución nacional, pionera en la investigación de la economía digital. Allí se me indicaba por parte de la empresa emisora de e-mails que “la legislación chilena no contempla el envío de publicidad por correo electrónico” y que en su caso respetaban “la normativa internacional que establece que ningún e-mail puede considerarse SPAM si se le estipula a las personas instrucciones precisas de como removerse de esta lista”.

Seguí, naturalmente, las instrucciones y me encontré en un sitio donde se me hacía una oferta para transformarme en emisor de mails. ¿El precio? Cincuenta mil pesos chilenos más IVA, por enviar dos e-mails (uno cada 15 días) a una base de datos de 100 mil clientes “que aumenta día a día sin costo adicional para el cliente”. Es decir, mi mail vale en este caso, 0,25 centavos de peso chileno. Más IVA, en este caso, claro.

Hasta allí el estudio de mercado. Como se puede ver, quienes se dedican al marketing por mail están trabajando activamente y puedo decir con tranquilidad que no tengo nada en contra de ellos, puesto que considero válido usar todos los medios disponibles para las comunicaciones de negocios.

Mis cuestionamientos tienen que ver con dos elementos muy concretos. El primero es cómo se obtienen las direcciones de mail. Y el segundo, es la supuesta efectividad del proceso para eliminarse de una de esas listas.

Por ejemplo, yo mantengo un sitio web y administro su única casilla de correo, la cual obviamente no se usa para enviar nada, sino que sólo para recibir. ¿Recibir qué? Spam, naturalmente. Diría que por cada 10 mails recibidos allí, 9 lo son. Las tres ofertas nombradas anteriormente llegaron allí.

Respecto de lo segundo, la recomendación mundial sobre el spam, es que no se debe cometer la torpeza de solicitar eliminarse de una lista de mails enviada por alguien que hace spam, debido a que eso sólo permite confirmarle que el mail es válido. De hecho, Hotmail hace esa advertencia cuando uno intenta responder un mail que llega a la carpeta de “Correo no deseado”.

Sin embargo, esa recomendación es parte de las “buenas prácticas” apoyadas por la Subsecretaría de Telecomunicaciones y la Asociación de Proveedores de Internet de Chile (API), las que, por otra parte, recuerdan que ya hay leyes que protegen los derechos de quienes reciben mail. Por ejemplo, lo que indica el inciso tercero del artículo 12 de la Ley N° 19.628, de 28.08.99, Sobre Protección de la Vida Privada: “Igual exigencia de eliminación, o la de bloqueo de los datos, en su caso, podrá hacer cuando haya proporcionado voluntariamente sus datos personales o ellos se usen para comunicaciones comerciales y no desee continuar figurando en el registro respectivo, sea de modo definitivo o temporal.”. Es decir, tenemos ley. Que se respete, es otra cosa.

Así las cosas, al parecer sólo quedará esperar lo que ocurra a nivel mundial en torno al tema. Por ejemplo, desde abril de este año se están reuniendo los cuatro principales proveedores de Internet de Estados Unidos (Microsoft, America Online, Earthlink y Yahoo) para ver cómo tratar el asunto. Hay dos proposiciones: crear servidores certificados de los cuales sea seguro recibir e-mails o ponerle certificado digital a toda comunicación segura. Aún no hay una decisión al respecto.

Y por otro lado está el trabajo que está haciendo el Anti-Spam Research Group, que pertenece a la Internet Research Task Force. Su objetivo es “entender el problema y colectivamente proponer y evaluar soluciones”. Por ahora están en lo primero, y avanzan hacia lo segundo. Pero falta un tiempo para ver novedades.

Como tengo varias casillas de correo gratuitas y un par pagadas, puedo ver cómo todos los días quienes luchan contra el “spam” y quienes lo defienden, libran una batalla sin tregua por imponerse unos a otros. Hasta ahora, puedo asegurar que quienes envían este tipo de mensajes van ganando.

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