Hasta que apareció el software Mosaic y que comenzó a difundirse por la propia Internet, ésta era una red mundial de computadores. Su sola aparición lo cambió todo, porque a partir de ese día, el 22 de abril de 1993, el mundo se dio cuenta que existía la web.

¿Cuál fue la diferencia? No fue menor, si se piensa bien, porque la Internet había nacido como tal en los sesenta y al momento de aparecer el “browser” Mosaic, había miles de personas que llevaban más de diez años usando el correo electrónico , por ejemplo. O que accedían a información de diferentes servidores con programas como Archie o Gopher.

Logotipo de Mosaic el primer browser para la web.

Logotipo de Mosaic el primer browser para la web.

Pero, por lo mismo, la Internet de los contenidos, seguía siendo materia de unos pocos. Aquellos que eran lo suficientemente iniciados en materias computacionales, como para que el trabajo desde la línea de comando en un sistema operativo, no los alejara del objetivo de buscar información a través del computador.

Desde Mosaic en adelante, todo fue distinto. Porque ya fue fácil publicar información y ver los resultados de manera simple, a través de un programa gráfico, que mostraba allí en pantalla, qué estaba ocurriendo y hacia qué sitios se estaba avanzando.

Naturalmente, si se compara con lo que existe hoy, tanto en software como en contenidos, es notable la diferencia marcada por diez años. Pero, probablemente donde se ha notado más, es en el uso que las personas normales le han dado a la Internet.

Si tenemos que revisar por dónde han pasado esas diferencias, es necesario anotar dos términos que son absolutamente atingentes al momento actual que vive la Internet: la interacción y la transacción.

Con interacción me refiero a la capacidad que tienen muchos sitios para que sean los usuarios que se vayan “sirviendo” los contenidos de la manera que a ellos más les interesa. Es decir, ya no se trata de que los medios de comunicación tradicionales decidan qué elementos novedosos ofrecer y en el orden en que los van a entregar. Porque ahora es el usuario quien tiene la sartén por el mango. El emisor, sólo propone, mientras que el receptor dispone.

Luego, con transacción me refiero a que el usuario actual, a diez años de comenzada esta revolución, ya no sólo está usando la Internet para comunicarse –como era el e-mail en los inicios- sino que en forma cada vez más creciente, está usando la red como una aplicación más, como otro software del que dispone en su computador para ejecutar acciones. Probablemente el ejemplo más claro de esto, sean las transacciones bancarias o el pago de impuestos a través de este medio.

Lo más interesante es que todo lo anterior ha ocurrido en apenas diez años, lo que deja un campo abierto para lo que puede venir en los siguientes aniversarios. Ya se pueden adivinar los progresos, si se revisa las nuevas tecnologías inalámbricas e infrarrojas para transmitir información de esta índole. No obstante, lo que más importa en este caso, es cómo la gente se ha subido al carro de la Internet y le ha sacado más provecho incluso, del que el grupo de universitarios que inventó Mosaic, alguna vez creyó que ésta iba a llegar a tener.

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