Está bien, sé que no debo ir al banco los viernes porque siempre están llenos. Pero mi experiencia en el banco en que soy cliente no era mala cuando hacías la visita a las cajas antes del mediodía.
Sin embargo, hoy fue distinto. La fila era de 30 personas a las 11 de la mañana. Considerando que estamos en febrero, con la mitad del país en vacaciones y sin un feriado largo cerca, algo debía estar pasando.
La razón la noté al pasar a la caja: la señorita no estaba usando su antiguo terminal con pantalla basada en texto que tiene el teclado al lado y que se ubica junto al lugar donde cuenta el dinero.
En cambio tenía una pantalla plana situada al lado de la cara del usuario (es decir tenía que levantar la cabeza para mirarla), donde operaba una aplicación nueva basada en una interfaz gráfica (basada en Windows).
A mi pregunta de cuál le gustaba más, me mostró la antigua máquina. Su motivo: no se demoraba en hacer las transacciones.
Mirando muy a la rápida descubrí que tenía que hacer trabajo en tres pantallas: primero identificar al cliente; luego indicar lo que quería hacer e ingresar la información (usando mouse) y finalmente recibir la pantalla de confirmación. Por cada operación, me contó, había una demora que a veces era mayor.
Puedo asegurar, desde ya, que ese banco va a tener problemas con sus clientes y sus filas se van a seguir alargando si no hacen algo rápido.
Salí pensando, ¡cuánto se habrían ahorrado con un buen test de usuario previo!

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