Nelson hace una interesante comparación en su sitio entre los audífonos para personas con discapacidad auditiva y aquellos para tener “manos libres” para hablar por teléfono móvil.
Plantea que los segundos son para lucirlos, mientras que los primeros necesitan pasar inadvertidos. Es decir, aunque ambos funcionan, hay algo adicional que requieren y esa es para qué fueron hechos. Uno para dar status y el otro, para no perder status a raíz de la discapacidad. Agrega: “la funcionalidad por sí sola no es suficiente cuando los productos están inmersos en un mercado competitivo. El diseño y la experiencia son fundamentales”.
Como se ve, nuevamente aparece la experiencia de usuario en el centro del escenario porque queda claro que los productos que se ofrecen no están aislados, sino que siempre dependen del usuario y, para hacerlo más específico, de las emociones que se despiertan en éste. Creo que es hora de leer a Don Norman con más entusiasmo.

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