Leyendo una nota de ayer publicada por NYT.com me di cuenta de la gravedad del ataque digital a Estonia, un país ubicado al norte de Europa, frente a Suecia y a espaldas de Rusia. No es un país cualquiera, ya que de allí vienen productos tan novedosos como Skype y Kazaaa, además de contar con un Gobierno que sí cree en la tecnología y la usa, hasta en sesiones de gabinete.
Pues bien, desde fines de abril pasado, en forma simultánea a los desórdenes en la calle en protesta porque el Gobierno estaba removiendo un monumento en honor a los soldados soviéticos de la Segunda Guerra Mundial, sus redes de datos se vieron colapsadas por ataques que lanzaban millares de mensajes y que impedían su funcionamiento. Llegaban desde todas partes del mundo: Vietnam, Perú, Estados Unidos. Se asume que eran “bots” programados para hacerlo y que no eran pocos, ya que se estimó en un millón el número de computadores desde los cuales nacieron estos ataques. Para la semana del 10 de mayo, se estimaba que estaban llegando 90 megabits por segundo a las redes del país por períodos de 10 horas. El diario explica que era “los datos equivalentes a bajar el sistema operativo Windows XP completo cada seis segundos, por 10 horas”.
En Tallinn, la capital, habían oficiales de la OTAN, Estados Unidos e Israel ya que si bien veían que Estonia se defendía bien, viajaron a aprender de este primer ataque masivo a un país, registrado en la historia.
Los ataques más fuertes se registraron hasta el 18 de mayo y aunque han seguido, no tienen la intensidad del principio.
No se sabe quiénes fueron los autores, sí se sospecha de algunos ya que en foros en idioma ruso se trató de este tema, varias semanas antes del ataque.

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