Alba, una querida amiga de Puerto Rico me hace notar la columna que la periodista y escritora Mayra Montero ha publicado recientemente en el diario “El Nuevo Día” de esa isla, para atender las repercusiones del fenómeno desatado por Facebook.
Dado que llevo muchos años trabajando y creyendo en lo que hacemos en Internet, me encantan las voces frescas y críticas acerca de los productos que ya damos por establecidos, porque nos permiten repensar y darle una vuelta a aquello que damos por sentado.
En mi caso, a diferencia de de lo que ella cuenta, creé mi perfil y comencé a aceptar “amigos” a través de dicha red social, simplemente porque es lo que estamos haciendo; casi sin cuestionarlo. No obstante, con el paso de los días me he ido sintiendo incómodo en ese ambiente. Primero, fue por tener la obligación de estar revisando permanentemente el sitio para saber quién había hecho o enviado algo sobre lo que debía actuar. Luego, la desazón aumentó cuando me dí cuenta que había “amigos” que iniciaban conversaciones por esa plataforma asumiendo que eran privadas pero que luego estaban a disposición de todo el mundo.
Mayra en tanto, eligió alejarse de Facebook alegando que el ambiente online puede llegar a reemplazar al mundo real:

Me pregunto esto: la gente que se conecta a la página durante dos o tres horas diarias, hurgando en los comentarios y las tonterías que cuelgan los demás, desesperados por leer los mensajes que les mandan, o mandando mensajes a diestra y siniestra, ¿en qué tiempo leen, o ven una buena película o se enteran de lo que pasa en el mundo? Porque en ese portal, en realidad nadie se entera de nada de lo que valga la pena enterarse.

Los invito a leer su columna, porque reflexiones como ésta son las que nos hacen falta, especialmente a quienes hacemos de la pantalla algo más que una herramienta de trabajo. Y en esos, claro, me incluyo.

3 Comentarios

  1. Escrito 8 noviembre 2007 a las 1:21 | Enlace permanente

    La verdad JC, es que la columna me parece fatal por un motivo básico: la señora en cuestión se dedica a criticar con fiereza un servicio que NO ha probado.

    Es como si yo escribiera una crítica destrozando una película que no he visto, basado en “lo que me han dicho”.

    Mientras lo leía, me parecía viajar al pasado a leer columnas de veteranas similares, que criticaban al teléfono por intrusivo, a la radio por escandalosa, a la TV por voyerista.

    Sí, Facebook es bastante “jugoso” como dicen los prepúberes, pero sólo si lo quieres. También puede ser bastante útil si sabes sacarle provecho. La norma es -como todo en la vida- que cualquier cosa en exceso es nociva, y las redes sociales no son la excepción.

    ¡Saludos!

  2. Escrito 8 noviembre 2007 a las 13:23 | Enlace permanente

    Loco de verdad, la sra ni se inscribió, y se digna a escribir una columna en base a eso.

  3. Escrito 8 noviembre 2007 a las 22:55 | Enlace permanente

    Hola FT y Guido_cc
    Gracias por los comentarios. Coincido con ustedes en el principio básico de que para comentar acerca de algo, tienes que conocerlo. Si no lo haces, pues, tu crítica carece del sustento básico.
    En este caso lo que me interesó no es tanto lo que ella dice acerca de la tecnología, sino que el fondo del asunto, cual es que muchas veces estamos pecando (partiendo por mí) por reemplazar la vida misma, por la intermediación de la vida que producen las máquinas. Está bien, si uno está lejos, las máquinas son un buen sustituto para superar la distancia. Temo, no obstante, que muchas veces peco de poner las máquinas como el centro, dejando de lado lo rico que tiene lo social de la red y quedarme más en la red.
    Puede ser un problema personal (obviamente) pero creo que ahí hay un pecado que podemos estar cerca de cometer y siento que artículos como éste nos permiten estar alerta de que eso está allí, a la mano, como algo a atender.

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