Aunque se trata de un ejercicio de egos, es interesante darle una mirada a la forma en que debe medirse la influencia digital, es decir, la que se tiene por el hecho de estar presente en redes sociales y ser citado o mencionado en dichos espacios.

Esto a propósito de la publicación realizada la semana pasada por Javier Albarracin, un profesional peruano de larga experiencia en el tema de mediciones online (como el antiguo Blogalaxia), que ahora llega con una métrica llamada Qloud Score mediante la cual busca calcular la influencia de un usuario en Twitter asignándoles un valor que va de 0 100.

Para ello, en su presentación acerca de la metodología usada, explica que se usan tres dimensiones: Popularidad (Seguidores), Autoridad (Calidad de Seguidores) e Impacto (Conversaciones). Su forma de trabajo es que primero define la población (personas que indican que pertenecen a un país determinado) y luego se ordenan por número de seguidores; seguidamente se organizan en grupos y cada participante le da puntajes a quienes sigue, dependiendo de su propio número de seguidores: mientras más tiene, más otorga. Finalmente se evalúa su nivel de participación y con ello se llega a un valor final.

Otros servicios similares pero más enfocados en el mundo anglo ofrecen también sus explicaciones de cómo operan, aunque no son tan detalladas como la anterior. La de Klout es bastante lírica, mientras que la de Kred es un poco más concreta: mide influencia por la cantidad de actividades que se realizan y alcance por la generosidad en replicar y apoyar lo que otros escriben en Twitter y Facebook.

Finalmente, lo que queda de todas estas explicaciones es que la influencia digital se asimila a la real. Creemos en quienes a lo largo del tiempo han logrado entregar un mensaje coherente e interesante. Y no porque tengan un número mayor o menor, dejaremos de creerles. Al mismo tiempo, este tipo de datos sirven para entender a quienes no conocemos, ya que ayudan a despejar interrogantes acerca de sus áreas de dominio.

Para cerrar, vale la pena ver la explicación de Javier acerca de su Qloud Score, ya que es claro que el valor que se alcance en el ranking será más o menos creíble, si logramos creer en la forma en que éste es confeccionado.

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