Pasó en Estados Unidos y varios medios que sigo lo trataron como noticia relevante: un día de acciones en favor de la neutralidad de la red. Puesto en simple y al estilo EE.UU. miles de personas enviando peticiones, haciendo demostraciones y otras acciones “físicas” y virtuales, para destacar la importancia de que se detenga una idea que ya se abre paso en un país donde el mercado tiene ideas y las lleva a cabo. Se trata de que si pagas más (un valor premium), puedes tener un ancho de banda más rápido. No es más ancho de banda, sino que tener “carreteras” más rápidas para tus datos y así quienes no pagan, van por el camino congestionado.

No suena mal, a primera vista. El problema es que para hacerlo, hay que segregar la red y darle preferencia unos datos (los que envían quienes pagan) por sobre los demás. Y por lo mismo, para hacer eso, quienes mueven los datos, tienen que saber qué envía quién, hacia y desde dónde. La neutralidad de la red plantea, por el contrario, que todos los datos son iguales y no se puede hacer ese tipo de discriminación.

En el caso chileno, la ley de 2010 consagra ese principio. E incluso, eso ha llevado a que la Subtel prohíba ciertas prácticas que parecen buenas, como que te ofrezcan redes sociales gratis en tu teléfono, porque para hacerlo, hay que mirar qué tipo de datos mueves en la red y hacer diferencias entre ellos.

Entonces, ¿nos conviene la neutralidad? La respuesta es por supuesto y hay naturalmente, aunque cueste, hay que cuidarla. ¿Y para qué queremos que Internet sea neutral? Pues, para que nadie tenga el derecho de mirar lo que miras y en algún momento decidir por ti si lo puedes seguir haciendo.

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