Por estos días estoy terminando un par de cursos y llegué a la etapa en que los alumnos ya han adquirido la teoría para entender procesos digitales, pueden usar herramientas para generar cifras y mediciones y, finalmente, pueden hacer ofertas de valor a clientes acerca de qué hacer con sus propiedades digitales.

Aparece entonces el momento mágico de deslizar algo novedoso luego de tanto movimiento digital y que consiste en una sola frase: los negocios digitales que funcionan, son aquellos que ofrecen resultados en el mundo físico.

Habitualmente, entre quienes están en clases, hay caras de asombro, pero luego viene la explicación: nadie te contrata para conseguir page views ni generar engagement. Ambas son herramientas para algo más interesante: conectar a personas que ofrecen con quienes necesitan algo. El mecanismo para conseguirlo es algún artefacto digital, pero lo relevante es que mediante su uso, es posible que una persona compre / se interese / apoye la iniciativa de otra. Ese es el objetivo.

Buscamos construir herramientas digitales que funcionan generando ese efecto, gracias a una experiencia de uso memorable. Si lo conseguimos, hacemos el trabajo; de lo contrario, quedamos debiendo.

La métrica real entonces es la física, ese contacto entre las dos partes. Lo demás, es sólo el prólogo.

 

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