La UI/UX al rescate de los medios

La semana pasada comencé a responder la pregunta acerca de cómo resolver el eterno problema de los medios para llegar a su audiencia, conquistarla, lograr que se haga asidua a su oferta de contenidos y finalmente, esté disponible para pagar al respecto.

Una parte del problema que atendimos en esa columna se refería al contenido. Hay evidencia de que las necesidades de las personas que usan los medios no están adecuadamente atendidas ya que ponen el foco en noticias que no son requeridas; de allí que eviten las noticias y tengan una valoración negativa de los medios.

¿Qué han hecho las grandes plataformas de contenidos? Aumentar la diversidad de la oferta para que haya mucho de todo. Desde Spotify hasta Netflix y sus competidores, es posible encontrar gran cantidad de géneros, autores y estilos, mediante un acceso simple a lo que se requiere.

Adicionalmente a eso, hay una investigación amplia y permanente a los problemas de la interfaz (la UI se prueba de manera permanente) y se generan adiciones usando tecnologías actualizadas. Por ejemplo, las Dynamic Sizzles de Netflix, que son pequeños cortos con lo mejor de una película que se muestra para interesar a la audiencia a darle play a un video. En tanto en Spotify hay un trabajo permanente en la prueba de la aplicación bajo diferentes condiciones y problemas de acceso, de manera de asegurar la llegada de la audiencia. 

Preparar la experiencia

Lo que vemos en los medios es una apuesta a que el contenido es suficiente para que la audiencia vuelva y sienta que está recibiendo lo que necesita.

No obstante, parece que se requiere más. Por ejemplo, pensaba que debería haber un tipo de producto que diera respuestas al ciclo de informarse: antes de llegar al medio hay redes sociales que anuncian lo que se puede ver con detalle; hay diferentes tipos de newsletters que te preparan y te cuentan si vale la pena usar el tiempo en un contenido.

En este sentido hay que decirlo: qué ganas de que un medio me dijera hoy no hay nada nuevo en lo que valga la pena gastar tu tiempo, pero aún así te podemos explicar esto o aquello o te ayudamos a que te hagas mejores preguntas. Incluso que me haga la lista de lo que sabemos y lo que ignoramos, e incluso las nuevas interrogantes que se abren a partir de lo que averiguamos.

Ahora, cuando llegas al medio te entregamos lo que necesitas de acuerdo a tu tiempo disponible: lo que quieres saber en un minuto o en dos o en cinco. Dime tú cuánto tienes y me las arreglo para contártelo. O te lo muestro en un gráfico que además puedes compartir.

Por último, cuando te vas de las páginas que revisaste, te puedo ofrecer un seguimiento de temas según lo que necesites. Si me dejas tu mail o incluso tu Whatsapp, yo te aviso si pasa algo, que para eso me pagas. Con dinero o con datos, pero me pagas.

Es decir, que el medio sea tu socio permanente y no sólo lo que visitas de tanto en tanto. De esa manera, si hay un costo asociado será más fácil pagarlo y el valor percibido será mayor que lo que se entregue a cambio.

La próxima semana vamos a completar esta revisión con la mirada a cómo hacer un trabajo editorial que se enfoque en las personas que usan los medios.

Una pestaña y una errata

Dos cosas para terminar, en esta segunda parte de la entrega semanal.

La primera es que dentro de las pestañas que he mantenido abiertas se encuentra The Psychology of Web Performance, que es una investigación acerca de cómo percibimos el tiempo cuando navegamos. Su concepto clave es que una web rápida consigue usuarios felices; ofrece información muy interesante acerca de cómo percibimos el tiempo, por lo que recomiendo revisarlo.

Lo segundo es confesar un error del último boletín. Aparecía una XXX en la frase “quiero destacar este artículo de XXX que habla sobre la tipografía en sitios web”. Allí debí haber puesto el nombre de Oliver Schöndorfer, un diseñador austriaco que habla de manera habitual sobre tipografía y que incluso tiene un canal de YouTube dedicado al tema. Así que mis disculpas a quienes se quedaron con una mala impresión y mi agradecimiento a quienes lo vieron y me preguntaron.

¿Qué debe tener un medio para conquistar a su audiencia?

Desde hace tiempo que viene apareciendo evidencia de que las personas evitan las noticias. A eso se suma la información acerca de que hay preferencia por las redes sociales para informarse, en lugar de utilizar los medios donde se muestran las noticias y las novedades que hay que saber.

Eso ha llevado a que la industria de medios haya entrado en una crisis de la que se ve muy complicado salir. Por eso, en esta entrega, como en las siguientes dos, dedicaré las líneas que lleva este boletín a transmitir ideas acerca de qué hacer y cómo enfrentar esta situación. No tengo una receta mágica, por supuesto, sólo ideas basadas en lo que he visto, hecho y leído dentro de este mercado.

La evidencia

Ayer se dio a conocer un trabajo muy relevante sobre el estado del arte de la industria de medios de comunicación en Chile: “Informe 2024 – Consumo de noticias y evaluación del periodismo en Chile”. El trabajo fue realizado por dos investigadores relevantes como son la profesora Claudia Mellado de la PUCV y el doctorando Alexis Cruz, de la PUC. Se presenta como una primera versión de un trabajo periódico, lo que es muy bueno.

Aunque tiene mucha información y por eso sugiero ir leerlo, me parece que hay un par de hallazgos destacados que hay que anotar porque ponen el énfasis en una crítica frontal al trabajo periodístico:

  • A pesar del alto consumo e interés declarado en las noticias, la evaluación general que la audiencia en Chile hace del periodismo y los medios es negativa: un 55,3% de los encuestados evalúa como pobre el desempeño del periodismo y un 64,6% dice no confiar en las noticias la mayor parte del tiempo.
  • Si bien más de la mitad de los encuestados reporta evitar intencionalmente el consumo de noticias de forma frecuente, la mayoría no evita noticias sobre cualquier tema. Solo un 19,6% dice evitarlas de forma general, mientras que un 35,7% dice evitar noticias vinculadas a temas específicos (ver imagen).
El gráfico muestra de qué temas se evitan las noticias por parte de las personas que tienen esa actitud.

En el estudio se revela que las personas esperan que los medios eduquen sobre deberes y derechos como ciudadanos, que informen con la mayor imparcialidad posible, que denuncien el mal actuar de individuos o grupos de poder en la sociedad, que expliquen el impacto que ciertas decisiones políticas tienen en entornos locales, y que informen sobre procesos judiciales contra individuos o grupos de poder. 

¿Qué se hace al respecto?

En este sentido, creo que lo que se observa es que hay una necesidad de que el medio actúe como apoyo de las personas que los utilizan para informarse de lo que está pasando. Eso pasa, además, por la forma en que se entrega la información.

En este sentido, creo que hay que hacerse cargo de un elemento que está presente en la audiencia, que es la falta de tiempo y la necesidad de recibir la información de manera directa. Más hechos, menos opiniones.

Al respecto sería interesante que los medios incorporaran en su forma de trabajo lo que se ha ido investigando e incluyendo como nueva herramienta. Por ejemplo, Axios desarrolló una nueva forma de redactar para mostrar lo importante de manera rápida y TikTok amplió esta comprensión, al idear nuevas formas de contar historias. 

No es muy aventurado decir que lo que las personas buscan es conocer los hechos y lo que se dice de lo que ha ocurrido; mostrar a quienes están a favor y quienes en contra. Pero también, que me den los datos necesarios para entender y argumentar acerca de lo que todo el mundo está hablando. Por ejemplo, si te interesa lo que se ha publicado de la foto de la princesa inglesa, pues te doy datos para que puedas conversar al respecto en una lista de elementos para que sea más fácil leer y recordar.
Los cambios en UI+UX junto a las capacidades para entregar esa información de maneras en las que estoy disponible para mirarlas (es decir, que me lleguen cuando tengo tiempo para hacerlo) son parte de lo que necesito. Pero de eso, seguiremos hablando la semana que viene.

Tecnológicas: entre la innovación y la multa

Más de alguna vez hemos comentado que Meta sabía que estaba causando efectos perniciosos en parte de la audiencia y que pese a ello, persistía sin hacer los cambios que pudieron salvar a muchas personas.

Incluso en una columna anterior lo comparé con los efectos que causan algunas drogas permitidas como el alcohol y el tabaco, que tras desarrollar un gran mercado terminaron con multas, amplias regulaciones y avisos a las personas que los consumen por sus efectos dañinos.

Creo que ese es el camino que van a seguir las tecnológicas que nos entregan las redes sociales, los buscadores y las nuevas tecnologías que estamos empleando casi a diario.

Hay multas

Lo primero que tenemos que anotar aquí es que las grandes tecnológicas han recibido enormes multas por sus acciones. Por supuesto que son valores menores en comparación con lo que ganan por sus operaciones, pero los números son increíbles.

En el siguiente gráfico se puede ver parte de eso para los últimos años. De hecho, sólo Meta en 2023 recibió una gran multa de casi 1.300 millones de dólares por infringir normas de datos personales en Europa.

El gráfico muestra las multas que reciben las grandes empresas tecnológicas en Europa.

Por otro lado, Apple acaba de recibir una multa incluso superior de las autoridades antimonopolio europeas, por la forma en que ha tratado el negocio de la música. Si miran el gráfico respectivo, verán que al lado está Google con valores superiores. Es decir, en diversos países ya se llegó a la etapa de decirles a todos “basta, no más”.

¿Puede pasar en Chile?

Probablemente no por el lado de la protección a los datos, ya que nuestra ley es de un tiempo analógico. Pudiera ser por el lado de las sanciones de actitudes monopólicas.

Gracias al siempre interesante newsletter “El Semanal” de Iván Weissman, supe que Copesa demandó a Google el pasado 1 de marzo ante el Tribunal de la libre competencia por su posición dominante en el mundo de la publicidad online.

Tras buscar un rato, llegué a la causa C-505-2024 por infracción al Decreto 211 que regula estos temas; la novedad es que ya se autorizó el exhorto lo que implica que es una causa que va a demorar pero que se va a tramitar.

Podríamos decir que como estamos tan abajo en el mapa y tan lejos en el mundo, nada de lo que hagamos o digamos desde Chile va a ser relevante para estos gigantes tecnológicos. Pero no hay que perder de vista que en varios países ya se ha hecho (además de Europa y EE.UU, también en China, India, Canadá, Corea del sur y Australia). E incluso que acá al lado, en Brasil, una ley busca obligar a estas empresas a cambiar. Así que sí, se puede.

Nuevas capacidades para creer en lo que nos cuentan

Una de las tareas habituales en las que estoy trabajando consiste en buscar y desarrollar nuevas formas de ofrecer contenidos y, al mismo tiempo, detectar cuando este tipo de métodos aparecen.

Creo que el gran problema de nuestro tiempo tiene que ver con la tendencia a evitar las noticias (news avoidance, en inglés). En el reporte 2023 del Reuters Institute se indica que esto lo hace más de un tercio de la audiencia:

La cantidad de gente que evita las noticias, a menudo o a veces, permanece cerca de máximos históricos: Es un 36% del total relevado. Notamos que este grupo se divide en dos: por un lado, quienes procuran evitar periódicamente todas las fuentes de noticias y por el otro, quienes tratan de restringir específicamente el consumo de noticias en determinados momentos o sobre ciertos temas.

Este problema está siendo abordado con diferentes enfoques que van desde estudiar los motivos (entre los que se cuenta su carácter negativo, poca o nula confiabilidad o la sensación de que hay mucha información disponible) hasta ofrecer enfoques diferentes, con una perspectiva amable, como es el caso del medio inglés Positive News

A propósito, hay que anotar que lo habitual en los medios es creer que sólo es noticia lo negativo.

Sin embargo, si vamos a los hechos (y para eso, nadie mejor que Hans Rosling), podemos afirmar que estamos viviendo en la mejor versión del mundo desde que existe y que la tendencia a creer de que todo está mal o empeorando, es una idea preconcebida que no tiene relación con la realidad. 

¿Cómo mejorar?

Otra forma de mejorar la relación con la audiencia es entregar mejores y más adecuadas herramientas para consumir el contenido. Esto implica cambiar la interfaz (UI) para mejorar la experiencia de uso (UX).

Un par de ejemplos para ayudar en esta línea. Aftenposten de Noruega usó inteligencia artificial para clonar una voz que leyera sus artículos y así ofrecerlo con sonido y facilitar su consumo. Una vez que termina la noticia, continúa con otra en una playlist adecuadamente elegida.  

Hemos entrevistado a varios usuarios que han probado nuestros artículos de audio y hemos sabido que eligen escuchar en situaciones en las que no pueden leer. Hemos oído varias veces que a la gente le gusta escuchar mientras dobla la ropa, hace ejercicio, conduce o limpia la casa. En otras palabras, les resulta útil escuchar artículos de audio en situaciones en las que están ocupados con sus manos pero quieren entretenerse o informarse.

Al menos un 10% de la audiencia usa ese método y por eso planean seguir trabajando en esa línea.

Otro buen ejemplo en esta línea lo entregó Chris Moran, director de innovación en The Guardian. Se trata de un par de listas que muestran por un lado los artículos más vistos en el diario y, por el otro, aquellos en que las personas pasaron más tiempo leyendo.

Ambos listados tienen casi siempre contenidos diferentes, por supuesto, y permiten ofrecer a los demás lectores aquello que vale la pena mirar según la sabiduría del resto de quienes leen el medio, más allá de los titulares (que representan la versión de lo que es importante según los editores).

La imagen muestra las listas de artículos que se muestran en el diario The Guardian

Está también la búsqueda de nuevos formatos (por ejemplo, las stories) para contar historias, como el trabajo que está haciendo Infobae en las redes sociales y que tiene su espacio en la zona inferior de la portada del diario.

Por último, encontramos la nueva forma en que la BBC pretende asociar credibilidad a lo que muestra, con una nueva marca que pondrá en las noticias que lo requieran. Fue anunciado sólo esta semana, por lo que hasta ahora no vi su aplicación práctica.Como vemos, varios ejemplos y mucha preocupación por la audiencia. Creo que por allí va el camino para recuperar el rol que los medios deben jugar; todo lo que no ayuda en este camino en realidad termina afectando al medio.

Ofrecer noticias y hacer negocio con eso ¿Se puede?

Luego de hablar la semana pasada sobre The New York Times y su trabajo de 10 años en el mundo digital, planteamos algunas condiciones para que eso estuviera ocurriendo. Se resumen en estrategia, buenos contenidos, tecnología adecuada y foco en experiencia de usuario.

Aunque parece ser un proyecto que se puede hacer en cualquier parte, es claro que no se trata de un modelo fácil de repetir. De allí que no haya muchos otros casos. En español, los más publicitados con resultados similares son El País en España (casi 300 mil suscriptores digitales) y Clarín en Argentina (700 mil suscriptores digitales).

Aprovechemos que he logrado acceder a más información del segundo para revisar lo que ha hecho.

Isamel Nafria muestra la portada de su libro sobre Clarín en la nota de Fundación Gabo.

Ismael Nafria (en la foto), quien ya hizo un libro detallando el caso del NYT, ahora está publicitando un trabajo similar en torno a Clarín. Con acceso a información amplia de parte de la empresa, tiene la oportunidad de mostrar más allá de lo aparente.

Por eso es interesante lo que declara en una entrevista con Fundación Gabo, acerca del cambio de modelo de negocios del diario:

Una de las cosas que me explicaron para el libro y que me llamó mucho la atención era el cambio de filosofía de la compañía: antes era un negocio muy B2B, donde había unos clientes que eran los anunciantes. Ahora, es mucho más un negocio B2C, dirigido al consumidor, primero con el Club 365 y luego con el registro y las suscripciones. Han pasado, por así decirlo, de unos pocos centenares de clientes a centenares de miles, y eso es un cambio muy importante en la filosofía y en el día a día de la empresa.

Ese conocimiento lo han canalizado a través de un equipo especializado en análisis de big data, que les ha ayudado a entender cómo se consumen los contenidos. Agrega:

Fruto de ese conocimiento cada vez más detallado de los usuarios es la orientación que se ha hecho en la producción de contenidos, con dos planteamientos muy claros: por un lado, la producción de contenidos pensados para captar y retener a los suscriptores. Para eso hay equipos dedicados y trabajan con un concepto llamado “la nota decisiva”.

Habla el director operativo

Otra fuente para entender lo que ocurre en Clarín es Emilio Basavilbaso, director de Operaciones de AGEA, empresa editora de Clarín. Lo entrevistaron en Taipei a mitad del año pasado, ocasión en que la empresa recibió un premio mundial por su estrategia de suscripciones, entregado por WAN IFRA, la asociación que reúne a las compañías editoras de diarios y sitios de noticias más importantes del mundo.

Allí contó que estaban en el segundo año de un plan de tres, para llegar a 1 millón de suscriptores.

«Hace cuatro o cinco años, empezamos con un modelo de suscripción, y sólo el 20% de nuestros ingresos procedían del negocio digital. Ahora podemos decir que ganamos más dinero en el negocio digital que en el impreso. Y dentro de cuatro o cinco años, la unidad digital representará el 80% de nuestros ingresos», afirmó.

Su modo de trabajo es un muro de pago inteligente (smart paywall). Es decir, que se adapta a lo que la persona haya visto, la frecuencia de sus visitas y otros aspectos parecidos. Explica: “Pero sabemos que los artículos que convierten, que atraen suscriptores, son más largos. Tienen una media de 1.500 palabras. Sabemos que proceden generalmente de opiniones económicas y políticas. Sabemos que tienen que estar firmados. Pero estamos aprendiendo mucho con todos estos datos.”

Tal como en NYT, en el estudio de los datos que dejan quienes llegan al contenido está el secreto. Esa parece ser la clave para tomar decisiones que empujen el negocio.

¿Todos pueden ser como The New York Times?

En mayo de 2014, es decir hace casi 10 años, se filtró un documento que iba a ser clave en el periodismo digital. Se trató de Innovation y fue producido por un equipo de alto nivel dentro del diario The New York Times, con el objetivo de establecer una estrategia para avanzar en el camino no sólo de hacer un diario digital, sino de transformar la empresa en una de ese tipo.

En esa época dije que era una tarea imposible si no eras ese diario. Creo que con los años se ha demostrado eso.

La imagen muestra la entrevista publicada en el sitio web del Reuters Institute, con una foto de A.G. Sulzberger.

El líder del equipo que creó ese documento, Arthur Gregg Sulzberger, fue entrevistado por Eduardo Suárez del Reuters Institute. Allí revisa el hito de los 10 años y responde qué funcionó, qué falló y qué sigue para ese diario que ya tiene casi 10 millones de suscriptores en el mundo (me incluyo), números operativos azules, prestigio como medio de prensa internacional y va por más.

Algunos puntos relevantes de la entrevista (en inglés y en español):

  • Sulzberger fue reportero. Le preguntan qué es lo extraña de esa actividad. Explica: “el reporteo tiene ese equilibrio mágico entre aprendizaje y enseñanza. Te sitúa en el mundo, hablando con la gente, empapándote de la complejidad del mundo y comprometiéndote con las fuerzas que le dan forma. Y luego te sumerge en un proceso más solitario y creativo para encontrar la mejor manera de compartir lo que has aprendido”.
  • Sobre Innovation – “La gente pensaba que era un documento que miraba al futuro. Pero era un documento cultural y se trataba simplemente de intentar crear las condiciones para que la gente dejara de decir no al cambio”.
  • ¿Errores? – “Me equivoqué en muchas cosas. La mayor, sospecho, es que nos inclinamos demasiado hacia las redes sociales”.
  • Gente que paga contenidos – El aumento de las suscripciones no fue sólo por la elección de Donald Trump, sino porque Netflix y Spotify “convencieron al público mundial de que estaba bien sacar la tarjeta de crédito para pagar un servicio en lugar de bienes”.
  • Cobertura imparcial – “Así que no creo en ese viejo adagio que dice ‘si ambas partes están enfadadas, significa que estás haciendo algo bien’. Es demasiado simplista y rebuscado. Pero sí creo que en un conflicto como este, cualquier cobertura independiente, justa y completa inevitablemente enfadaría a ambas partes, y nuestro trabajo consiste en tratar de ignorar eso en la medida de lo posible y, en su lugar, trabajar cada día para asegurarnos de que cubrimos toda la historia de la forma más completa y justa posible”.
  • Trump a la justicia y Biden muy viejo – “Pero ambas cosas son ciertas y el público necesita saberlas. Y si se exagera a una parte o se resta importancia a la otra, ninguna parte tiene motivos para confiar en ti a largo plazo”.
¿Qué se necesita para ser NYT?

Si uno mira el documento a diez años plazo y toma en cuenta esta entrevista, desde mi perspectiva hay un par de lecciones que se mantienen ciertas. 

  1. Para cambiar necesitas una alta dirección que crea en transformar el negocio, no sólo en hacer un medio. Que ellos obliguen a todos alinearse en el nuevo rumbo.
  2. Lo digital es tecnológico. Muchos de los cambios en NYT surgieron porque hubo personas que entendieron de tecnología y estaban en los puestos que les permitieron adoptar caminos concretos apoyados en software y procesos.
  3. La experiencia de usuario es una herramienta clave y hay que ponerla al centro, para entender las necesidades de la audiencia y desde allí tomar las decisiones. Lo demás llega como consecuencia, incluso los buenos negocios.

Creo que esas tres decisiones son la clave y explican lo que estamos viendo. En los casos locales de medios que he conocido y que han explorado este camino, no han logrado juntar esas determinaciones para hacer el cambio. De allí sus magros resultados.

¿Cómo acomodarse a la inteligencia artificial?

Gracias a que el verano nos regala la idea de que hay más tiempo libre, me propuse ver cosas que había guardado. Es lo que hice con la charla sobre inteligencia artificial “¿ChatGPT nos robará la magia de la programación?” dictada por el profesor José Miguel Piquer, en el evento “Nerdearla” en noviembre pasado (en la imagen). 

“Jo” Piquer es uno de los fundadores de la Internet en Chile, gracias a su visión y a su trabajo como profesor del Departamento de Computación de la Universidad de Chile. Desde el DCC envió el primer mail en el país y, gracias a su gestión, logró que la administración de los dominios “punto CL” quedara en esa universidad. 

El profesor José Miguel Piquer en el escenario del evento Nerdearla, realizado en noviembre 2023 en Valdivia, Chile.

En su conferencia explicó cómo usó ChatGPT para programar un juego del gato (ese nombre se usa en Chile, Costa Rica y México). Detalló paso a paso su trabajo y llegó a algunas conclusiones que me interesa anotar, acerca de lo que aprendió de la aplicación. Entre paréntesis, el minuto en que lo dice:

  • Es impresionante lo bien que programa (21:08)
  • Es super flojo y además, es mentiroso (29:51)
  • ChatGPT no entiende lo que hace (38:10)
  • Es como tener un aprendiz trabajando con uno, úsalo con cuidado (39:55)
  • Las IA generativa no van a entender nunca lo que están haciendo, no fueron hechas para eso (42:01)

Lo interesante de todo lo que cuenta, es que el profesor da por hecho que este tipo de aplicaciones serán un estándar para trabajar en temas como la programación (y yo agrego creación de contenidos). Él cuenta que ayudará a hacer lo tedioso y liberará al programador para cumplir con la parte creativa, que es lo que se espera de su aporte.

Siguiendo con el paralelo a la creación de contenidos, yo puedo contar que he usado inteligencia artificial para traspasar audio a texto, para generar resúmenes de textos largos, para transformar información que aparece en párrafos para presentarla en tablas, para descubrir repeticiones de palabras. Es decir, lo tedioso. Y lo hace muy bien.

¿Qué más puede hacer?

Se ha visto que los modelos de lenguajes pueden trabajar con textos de manera muy eficiente, lo que hasta ahora ha generado situaciones problemáticas.

Por ejemplo, es capaz de reescribir contenidos con otras palabras (ayuda a copiar sin repetir), lo que ha sido muy usado en las tareas de SEO. De hecho en esa industria hay una gran queja de que Google no está a la altura del desafío de descubrir lo que se genera con IA respecto de lo que escribe una persona. Pese a que, durante años, ha puesto como norma para la indexación de los contenidos, que sean de calidad y escritos para (y se supone que por) humanos. 

También puede generar textos completos para ser presentados con otra cara, de manera de presentar un conjunto de ideas que no representa plagio pero que está basado en un trabajo existente. De hecho, la queja contra Amazon recién está partiendo. Lo mismo están experimentando las revistas científicas.

Por lo tanto y siguiendo lo que plantea el profesor Piquer, hay que aprender y entender lo que se puede hacer con este tipo de tecnologías. Es nuestro trabajo sacarle el provecho que se merecen.

Redes sociales con signos de advertencia

Hace una semana en el Senado de EE.UU. hubo una audiencia pública sobre el efecto de las redes sociales, con los principales representantes de ellas en la sala. Asistieron familiares de personas víctimas de su actividad e, incluso, hubo públicas peticiones de disculpas (En el NYT hay videos de ese momento).

Se llegó a frases grandilocuentes, como cuando se le dijo a Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Meta, que tenía sus manos manchadas con sangre lo que fue seguido por aplausos en las tribunas. «Usted tiene un producto que está matando gente», le dijeron en su cara.

Pero después, no pasó nada.

Mark Zuckerberg aparece en las páginas del diario The New York Times.
Mark Zuckerberg aparece en las páginas del diario The New York Times.

La idea es que en ese país se apruebe la llamada «Kids Online Safety Act«, una ley que busca la protección de niños que usen redes sociales, aunque hay una discusión abierta de cómo afectaría la libertad de expresión. Al menos en la audiencia, a la que asistieron los ejecutivos de las empresas Meta, TikTok, Discord, Snap y X, los representantes de las dos últimas estuvieron de acuerdo en apoyar la ley. Si es que llega a promulgarse.

Denuncia

Hay que recordar que todo el movimiento en relación con el rol de las redes sociales en niños y adolescentes tiene gran parte de su fundamento en las propias investigaciones hechas al interior de las empresas que las desarrollan. De hecho, Frances Haugen consiguió recopilar esa información mientras trabajaba al interior de Facebook; su denuncia del 2018 aún está siendo investigada y llevó a una causa judicial impulsada por varios estados.

La evidencia está y, al parecer, queda tiempo para que se tomen decisiones. Sin embargo, pareciera ser que a futuro el consumo de este tipo de contenidos deberá hacerse bajo advertencia, como las del alcohol y el cigarrillo.

Consumir redes sociales puede ser peligroso para la salud. Lo más seguro es que la aparición de los sellos de advertencia sean un primer paso adecuado.

Avísame que eres un robot

No es algo que esté pasando todos los días y de manera habitual, pero sí hay señales que llevan a pensar que llegaremos a un momento en que se logre distinguir lo que está hecho por humanos respecto de aquello que es producto de un software. 

Pero esto no va a ocurrir gracias a nuestras habilidades, sino que porque creo que avanzamos a un espacio en que el contenido sintético tendrá marcas distintivas.

Hay que reconocer que pasamos hace mucho rato la barrera de pensar en que podemos distinguir lo artificial con solo verlo.

De hecho, en el NYT hay una prueba para distinguir rostros de personas (ver imagen siguiente). Te muestran 10 imágenes y debes adivinar si estás frente a una foto hecha por una persona o por un software. No acerté en 7 casos. Y eso que traté de agudizar todos los sentidos posibles.

La imagen muestra el test de The New York Times para decidir si la imagen fue creada por un humano o una máquina.

Por ese motivo están comenzado este tipo de acciones que buscan un cambio. Por ejemplo, a comienzos de mes se anunció en Japón que Nikon, Sony Group y Canon (90% del mercado) están desarrollando una tecnología para cámaras fotográficas que incrusta una firma digital en las imágenes, con el objetivo de que puedan ser distinguidas de otras creadas sólo por software, sin intervención humana. En la misma noticia se indicaba que Google comenzó a hacer algo parecido con las imágenes que genera su inteligencia artificial.

Soy humano y lo muestro

En este mismo camino se puede leer lo que presentó ayer el diario The New York Times, que se suma a lo que han hecho otros en el pasado. Destacar que las personas que escriben sus noticias son humanos, con historias y experiencias propias, que han recorrido el mundo y que llegan a contarlo.

Para eso desarrollaron un sistema que permite mostrar el curriculum de quien escribe. Eso se destaca de manera amplia junto a las noticias y se apoya con una página para cada autor, con detalles interesantes, la forma de tomar contacto, sus redes sociales y el listado de noticias previas que haya publicado. Por ejemplo, Motoko Rich, la jefa de la oficina en Japón (varias de sus notas están en español).

Hay quienes comentan que esta nueva característica busca estar en línea con las nuevas directrices de SEO de Google (llamadas EEAT), que premia el contenido original y a los creadores especializados. Puede ser, pero también quiero creer que este gesto de relevar lo humano es importante.

Sigo en esto con la idea de que es mejor destacar el trabajo de las personas y que los medios, especialistas en adaptarse a las circunstancias de un mercado que le es adverso, van a surgir si logran contar historias que las personas de la audiencia quieran seguir. 

Creo que allí está el desafío. Todo lo demás que se genere por medios automáticos será producción amplia y vacía, como ese scroll infinito que vas a ver hoy en tu red social favorita y que luego de mantenerte muchos minutos muy ocupado, no te dejará más que la sensación de perder el tiempo. Allí es donde hay que trabajar. Hay tiempo disponible en las audiencias; sólo hay que provocar el interés para ofrecerles algo que valga la pena mirar e interactuar.

Para cerrar, espero que a futuro las notas que veamos tengan marcas claras. Esto fue hecho por fulano o mengana, humanos. Esto por la máquina “aquella”. A cada uno su mérito, su atención y el tiempo que merece.

UX: ¿cuál es el mejor método de trabajo?

Escribir un libro es un salto al vacío y una decisión basada en la esperanza. Lo primero, por creer que uno tiene algo que decir que los demás quieren escuchar; e incluso más que eso, que se está calificado para hacerlo. Lo segundo, se refiere a la idea de que habrá quien quiera leerlo. Todo lo anterior, sumado al concepto de la falsa modestia y del síndrome del impostor que me sigue permanentemente. Cosas con las que uno vive, ¿no?

Pero, avancemos.

Traigo este dato de mi siguiente libro a colación para disculparme por anticipado si hablo mucho de él durante el año, y también porque en los últimos seis meses he sido un poco monotemático por haber estado leyendo casi todo lo que encontré en temas de arquitectura de información (AI), diseño de experiencia (UX) y desarrollo de interfaces (UI) y proyectos digitales, que son los temas que incluye el texto. 

Debido a eso tengo tantos datos a la mano que me ha costado responder una pregunta simple: ¿cuál es el método más efectivo si uno trabaja en UX?

Depende, todo depende

La respuesta habitual de antes, y que debo entregar nuevamente, es que depende de lo que quieras conseguir, es la herramienta que debes utilizar.

Puede ser que uno tenga preferencias por algunas y que sólo por eso, las use más que otras. 

Por ejemplo, en el caso de los proyectos en los que he trabajado nunca falta card sorting para trabajar en arquitectura de información. Desde mi perspectiva es la manera más simple y poco tecnológica (sólo lápiz y papel) para lograr que las personas cuenten historias acerca de los contenidos y cómo los usan.

Una segunda herramienta habitual, aunque siempre la he presentado como la más aburrida de hacer, es el inventario de contenidos. En simple, es una planilla de cálculo en el que se anota todo acerca de cada uno de los enlaces de un sitio web; permite capturar a plena vista todo lo que pasa en un espacio digital. Lo bueno, lo malo y lo que no funciona.

Por último, el análisis heurístico es parte de lo que siempre reviso cuando visito un espacio digital. 

No obstante, cuando salga el libro se podrá dar una mirada a 22 herramientas, incluyendo las tres que menciono, organizadas dentro del contexto de un proyecto. Entonces será más simple entender el valor de cada una. 

Lo bueno de la revisión fue comprobar que además de las tradicionales (como las que yo uso), siguen apareciendo herramientas útiles para trabajar en estas disciplinas. Y creo que con el tiempo habrá más, en particular las que se generarán a partir del análisis de contenidos que se está haciendo posible mediante inteligencia artificial. Al respecto sugiero mirar el trabajo de Gustavo Soto, quien presentó recientemente su libro Diseño Artificial, por lo que les propongo mirar su trabajo para entrar con mayor profundidad en ese espacio.

Así que vaya un testimonio de alegría por ver que disciplinas como la AI, la UX y la nueva IA siguen vivas y activas. Además, mi tranquilidad personal por haber terminado el texto. De eso, pronto les contaré más.