Si, como dice el tango, veinte años son nada, ¿cuántos son diez? Es la pregunta que hay tras el World Wide Web, una tecnología tan simple como increíble, que en un período tanto corto como una década, ha generado enormes cambios a nivel global.

Aunque nació como un método para compartir documentación entre físicos teóricos, sus alcances muy pronto salieron de ese grupo, para recibir usos en todos los ámbitos posibles, desde comercio hasta comunicaciones a lo largo y ancho del mundo.

Formalmente, el Web nació en 1990 como un proyecto del físico inglés Tim Berners-Lee orientado a facilitarle la vida a los físicos que trabajaban en el Laboratorio CERN en Suiza, ya que permitía buscar y ver documentos almacenados en una base de datos y compartir esos documentos por Internet.

Trabajó en él durante 1991, con el objetivo de mostrarlo en una reunión mundial de físicos a realizarse en enero del año siguiente. Pero en septiembre, lo visitó Paul Kunz, un físico que trabajaba en el Stanford Linear Accelerator Center (conocido por su sigla SLAC) y juntos vieron el nuevo programa en el computador Next de Berners-Lee.

Tras probar sus capacidades y ver cómo lo usaba, Kunz volvió a Estados Unidos convencido de que debía hacer un sistema similar, para permitir el acceso a la base de datos de SLAC, que contenía 200 mil documentos referidos a investigaciones hechas en ese laboratorio.

Pero otras obligaciones, lo hicieron dejar el tema de lado, hasta que le llegó un mail de Berners-Lee, recordándole la demostración de enero. No pasó mucho tiempo, hasta que el 12 de diciembre de 1991, levantó el sitio de SLAC, que se transformó así en la primera página web de Estados Unidos.

De esa manera, el 15 de enero siguiente Berners-Lee ya tenía dos sitios para mostrar: el suyo y el de Kuntz. La presentación dejó con la boca abierta a los casi 200 físicos que se congregaron en el pueblito de La Londe, en el sur de Francia. Si desde allí, a pocos kilómetros de la mítica playa de Saint Tropez, se podía ver eso… desde cualquier lugar del mundo podría hacerse.

Por eso, cuando regresaron a sus universidades y laboratorios, todos los asistentes tenían una sola cosa en mente: entrar a Internet y comenzar a publicar sus propios documentos a través del web.

La telaraña mundial estaba comenzando.

Llega a Chile

La tecnología se demoró un poco en llegar a Chile. Exactamente un año y medio. Fue en 1993 cuando se comenzó a investigar su uso a través de un curso de José Piquer, quien era profesor del Departamento de Ciencias de la Computación de la U. De Chile y había estado totalmente vinculado con la llegada de Internet al país, en enero de 1992. De hecho, era (y sigue siendo) el encargado del registro de dominios de Internet en el país, a través de NIC Chile.

Sus alumnos José “Pepe” Flores y Eduardo Rodríguez –que más tarde crearon las empresas de Internet, Tecnonáutica y La Brújula, respectivamente- tomaron a cargo la tarea de revisar y tratar de hacer caminar ese primer web.

“Como parte de un curso con Jpiquer, en que veíamos tecnologías emergentes para sistemas, me tocó ver esto del web. Instalamos “Mosaic 0.6x” que sólo existía para Unix luego servidores http (el primero fue http_cern). Eso debe ser como a finales del 93”, recuerda Flores.

Como en esa época no había ni buscadores globales, ni servicios de índices como los que ofreció desde el ’94 el sitio Yahoo!, la lista de sitios disponibles en el mundo era la que manejaba el laboratorio CERN en Suiza, hogar de Berners-Lee.

“Como en el índice de sitios que se manejaba en CERN no existía ni Chile, ni Sudamérica y habían pocos sitios en el mundo (algo así como 400 sitios), decidimos hacer una “página para Chile” para poder enlazarnos a nosotros mismos”, cuenta Flores. Para hacerlo, tomaron un mapa que Eduardo Rodríguez “había hecho a mano y lo pintamos … después de varias iteraciones creamos el mapa que está en http://sunsite.dcc.uchile.cl/chile (al principio indicaba sitios Gopher y WWW)”.

Rodríguez tiene recuerdos similares, en especial con el mapa, que le tomó varias horas de trabajo terminarlo. “Yo hice el mapa y Pepe le puso los botones y programó las primeras páginas, mientras que yo me encargué de instalar el servidor”.

Además, recuerda claramente que en el segundo semestre del ’93 viajó a Estados Unidos. Precisamente al Sillicon Valley. Y quedó asombrado: “Recuerdo que iba en tren a San Francisco leyendo el San José Mercury News y había un aviso a página completa del hotel Crowne Plaza, ofreciendo hacer reservas por Internet. Y pensar que en Chile, recién estábamos empezando. Eso me dio una idea de todo lo que veía para adelante”.

También conoció los inicios del índice Yahoo! y se dio cuenta que nunca un sistema de ese tipo iba a poder abarcar Chile. “Por eso nació La Brújula, para hacer un índice que se dedicara a Chile”, explica.

Hasta en Chile

Rodríguez cuenta que ese mismo ejemplo hotelero, le permitió en los meses siguientes explicar las capacidades y posibilidades de Internet, ya de regreso en Chile.

Y el hecho de que nuestro país tuviera páginas web, era un argumento que se usaba en el extranjero para indicar el alcance de la red.

Flores indica que “la ‘Primera guía impresa de sitios Web del Mundo’, cabía en un sólo libro y como era el tiempo en que había que “vender el concepto del web” consignaron un lugar destacado a este lejano país … no recuerdo exactamente las palabras pero se referían a que el Web era tan usado “que incluso en Chile se utilizaba para ver el estado del tiempo””. Ese servicio del tiempo se debía a información entregada por la Dirección Meteorológica de Chile, a través de un contacto del también profesor del DCC, Patricio Poblete.

Lo que vino después, fue prácticamente una explosión. En 1994 comenzaron a aparecer más sitios, especialmente universitarios y los primeros de carácter comercial, incluyendo el Diario Electrónico de Copesa, con noticias de Chile actualizadas semanalmente.

Y, mirando con la perspectiva del tiempo, Rodríguez y Flores sacan sus propias conclusiones. El primero, explica que “antes del web la Internet era muy hostil con el usuario; había que ser ingeniero para hacer algo, para encontrar algo. Esto lo cambió todo y nos abrió muchas oportunidades”.

Flores agrega que su paso por el web le permitió aprender mucho sobre cómo enfrentar las nuevas tecnologías: “Entrar a una nueva-ola-tecnológica antes, te da la visión y experiencia para consolidar negocios cuando la tecnología ya ha madurado y ha sido adoptada por la sociedad. Si esto se convierte en una práctica sistemática tenemos una oportunidad de desarrollo de nuevas empresas en el país”.

Escribe un Comentario

Tu correo electrónico nunca será compartido. Los campos requeridos están marcados con *

*
*