Desde que esta semana incorporé el “widget” de Google Reader en la parte de abajo de la columna que está a la izquierda de esta pantalla (la nueva sección “Te recomiendo leer”) no he dejado de pensar en que este tipo de artilugios son Internet.
Mi línea de pensamiento es la siguiente: un widget es un programa que reside en un servidor y que se muestra en las páginas de otro. Sus contenidos son la representación de contenidos gestionados por un tercero, que se presentan como parte de los contenidos de quien haya “adoptado” el widget. En el caso que reseño, mi widget está en mi sitio, muestra posts seleccionados por mí, pero que son generados por otras personas y llegan a mi página gracias a que son recolectados por Reader de Google. Vale decir, esta experiencia de contenidos existe por la interacción de varias personas, mediada por Internet.
Cuando me puse a buscar más del tema llegué a este post de Mariano y, claro, coincido con él: “los widgets pueden estar presentes en todos lados y con información fresca, personal, sincronizada… ¿que más se les puede pedir?”.
Sólo debo agregar que los widgets son una oportunidad de negocios para los contenidos digitales y los autores deben aprovecharla.

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