¿Cómo acomodarse a la inteligencia artificial?

Gracias a que el verano nos regala la idea de que hay más tiempo libre, me propuse ver cosas que había guardado. Es lo que hice con la charla sobre inteligencia artificial “¿ChatGPT nos robará la magia de la programación?” dictada por el profesor José Miguel Piquer, en el evento “Nerdearla” en noviembre pasado (en la imagen). 

“Jo” Piquer es uno de los fundadores de la Internet en Chile, gracias a su visión y a su trabajo como profesor del Departamento de Computación de la Universidad de Chile. Desde el DCC envió el primer mail en el país y, gracias a su gestión, logró que la administración de los dominios “punto CL” quedara en esa universidad. 

El profesor José Miguel Piquer en el escenario del evento Nerdearla, realizado en noviembre 2023 en Valdivia, Chile.

En su conferencia explicó cómo usó ChatGPT para programar un juego del gato (ese nombre se usa en Chile, Costa Rica y México). Detalló paso a paso su trabajo y llegó a algunas conclusiones que me interesa anotar, acerca de lo que aprendió de la aplicación. Entre paréntesis, el minuto en que lo dice:

  • Es impresionante lo bien que programa (21:08)
  • Es super flojo y además, es mentiroso (29:51)
  • ChatGPT no entiende lo que hace (38:10)
  • Es como tener un aprendiz trabajando con uno, úsalo con cuidado (39:55)
  • Las IA generativa no van a entender nunca lo que están haciendo, no fueron hechas para eso (42:01)

Lo interesante de todo lo que cuenta, es que el profesor da por hecho que este tipo de aplicaciones serán un estándar para trabajar en temas como la programación (y yo agrego creación de contenidos). Él cuenta que ayudará a hacer lo tedioso y liberará al programador para cumplir con la parte creativa, que es lo que se espera de su aporte.

Siguiendo con el paralelo a la creación de contenidos, yo puedo contar que he usado inteligencia artificial para traspasar audio a texto, para generar resúmenes de textos largos, para transformar información que aparece en párrafos para presentarla en tablas, para descubrir repeticiones de palabras. Es decir, lo tedioso. Y lo hace muy bien.

¿Qué más puede hacer?

Se ha visto que los modelos de lenguajes pueden trabajar con textos de manera muy eficiente, lo que hasta ahora ha generado situaciones problemáticas.

Por ejemplo, es capaz de reescribir contenidos con otras palabras (ayuda a copiar sin repetir), lo que ha sido muy usado en las tareas de SEO. De hecho en esa industria hay una gran queja de que Google no está a la altura del desafío de descubrir lo que se genera con IA respecto de lo que escribe una persona. Pese a que, durante años, ha puesto como norma para la indexación de los contenidos, que sean de calidad y escritos para (y se supone que por) humanos. 

También puede generar textos completos para ser presentados con otra cara, de manera de presentar un conjunto de ideas que no representa plagio pero que está basado en un trabajo existente. De hecho, la queja contra Amazon recién está partiendo. Lo mismo están experimentando las revistas científicas.

Por lo tanto y siguiendo lo que plantea el profesor Piquer, hay que aprender y entender lo que se puede hacer con este tipo de tecnologías. Es nuestro trabajo sacarle el provecho que se merecen.

Redes sociales con signos de advertencia

Hace una semana en el Senado de EE.UU. hubo una audiencia pública sobre el efecto de las redes sociales, con los principales representantes de ellas en la sala. Asistieron familiares de personas víctimas de su actividad e, incluso, hubo públicas peticiones de disculpas (En el NYT hay videos de ese momento).

Se llegó a frases grandilocuentes, como cuando se le dijo a Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Meta, que tenía sus manos manchadas con sangre lo que fue seguido por aplausos en las tribunas. «Usted tiene un producto que está matando gente», le dijeron en su cara.

Pero después, no pasó nada.

Mark Zuckerberg aparece en las páginas del diario The New York Times.
Mark Zuckerberg aparece en las páginas del diario The New York Times.

La idea es que en ese país se apruebe la llamada «Kids Online Safety Act«, una ley que busca la protección de niños que usen redes sociales, aunque hay una discusión abierta de cómo afectaría la libertad de expresión. Al menos en la audiencia, a la que asistieron los ejecutivos de las empresas Meta, TikTok, Discord, Snap y X, los representantes de las dos últimas estuvieron de acuerdo en apoyar la ley. Si es que llega a promulgarse.

Denuncia

Hay que recordar que todo el movimiento en relación con el rol de las redes sociales en niños y adolescentes tiene gran parte de su fundamento en las propias investigaciones hechas al interior de las empresas que las desarrollan. De hecho, Frances Haugen consiguió recopilar esa información mientras trabajaba al interior de Facebook; su denuncia del 2018 aún está siendo investigada y llevó a una causa judicial impulsada por varios estados.

La evidencia está y, al parecer, queda tiempo para que se tomen decisiones. Sin embargo, pareciera ser que a futuro el consumo de este tipo de contenidos deberá hacerse bajo advertencia, como las del alcohol y el cigarrillo.

Consumir redes sociales puede ser peligroso para la salud. Lo más seguro es que la aparición de los sellos de advertencia sean un primer paso adecuado.

Avísame que eres un robot

No es algo que esté pasando todos los días y de manera habitual, pero sí hay señales que llevan a pensar que llegaremos a un momento en que se logre distinguir lo que está hecho por humanos respecto de aquello que es producto de un software. 

Pero esto no va a ocurrir gracias a nuestras habilidades, sino que porque creo que avanzamos a un espacio en que el contenido sintético tendrá marcas distintivas.

Hay que reconocer que pasamos hace mucho rato la barrera de pensar en que podemos distinguir lo artificial con solo verlo.

De hecho, en el NYT hay una prueba para distinguir rostros de personas (ver imagen siguiente). Te muestran 10 imágenes y debes adivinar si estás frente a una foto hecha por una persona o por un software. No acerté en 7 casos. Y eso que traté de agudizar todos los sentidos posibles.

La imagen muestra el test de The New York Times para decidir si la imagen fue creada por un humano o una máquina.

Por ese motivo están comenzado este tipo de acciones que buscan un cambio. Por ejemplo, a comienzos de mes se anunció en Japón que Nikon, Sony Group y Canon (90% del mercado) están desarrollando una tecnología para cámaras fotográficas que incrusta una firma digital en las imágenes, con el objetivo de que puedan ser distinguidas de otras creadas sólo por software, sin intervención humana. En la misma noticia se indicaba que Google comenzó a hacer algo parecido con las imágenes que genera su inteligencia artificial.

Soy humano y lo muestro

En este mismo camino se puede leer lo que presentó ayer el diario The New York Times, que se suma a lo que han hecho otros en el pasado. Destacar que las personas que escriben sus noticias son humanos, con historias y experiencias propias, que han recorrido el mundo y que llegan a contarlo.

Para eso desarrollaron un sistema que permite mostrar el curriculum de quien escribe. Eso se destaca de manera amplia junto a las noticias y se apoya con una página para cada autor, con detalles interesantes, la forma de tomar contacto, sus redes sociales y el listado de noticias previas que haya publicado. Por ejemplo, Motoko Rich, la jefa de la oficina en Japón (varias de sus notas están en español).

Hay quienes comentan que esta nueva característica busca estar en línea con las nuevas directrices de SEO de Google (llamadas EEAT), que premia el contenido original y a los creadores especializados. Puede ser, pero también quiero creer que este gesto de relevar lo humano es importante.

Sigo en esto con la idea de que es mejor destacar el trabajo de las personas y que los medios, especialistas en adaptarse a las circunstancias de un mercado que le es adverso, van a surgir si logran contar historias que las personas de la audiencia quieran seguir. 

Creo que allí está el desafío. Todo lo demás que se genere por medios automáticos será producción amplia y vacía, como ese scroll infinito que vas a ver hoy en tu red social favorita y que luego de mantenerte muchos minutos muy ocupado, no te dejará más que la sensación de perder el tiempo. Allí es donde hay que trabajar. Hay tiempo disponible en las audiencias; sólo hay que provocar el interés para ofrecerles algo que valga la pena mirar e interactuar.

Para cerrar, espero que a futuro las notas que veamos tengan marcas claras. Esto fue hecho por fulano o mengana, humanos. Esto por la máquina “aquella”. A cada uno su mérito, su atención y el tiempo que merece.

UX: ¿cuál es el mejor método de trabajo?

Escribir un libro es un salto al vacío y una decisión basada en la esperanza. Lo primero, por creer que uno tiene algo que decir que los demás quieren escuchar; e incluso más que eso, que se está calificado para hacerlo. Lo segundo, se refiere a la idea de que habrá quien quiera leerlo. Todo lo anterior, sumado al concepto de la falsa modestia y del síndrome del impostor que me sigue permanentemente. Cosas con las que uno vive, ¿no?

Pero, avancemos.

Traigo este dato de mi siguiente libro a colación para disculparme por anticipado si hablo mucho de él durante el año, y también porque en los últimos seis meses he sido un poco monotemático por haber estado leyendo casi todo lo que encontré en temas de arquitectura de información (AI), diseño de experiencia (UX) y desarrollo de interfaces (UI) y proyectos digitales, que son los temas que incluye el texto. 

Debido a eso tengo tantos datos a la mano que me ha costado responder una pregunta simple: ¿cuál es el método más efectivo si uno trabaja en UX?

Depende, todo depende

La respuesta habitual de antes, y que debo entregar nuevamente, es que depende de lo que quieras conseguir, es la herramienta que debes utilizar.

Puede ser que uno tenga preferencias por algunas y que sólo por eso, las use más que otras. 

Por ejemplo, en el caso de los proyectos en los que he trabajado nunca falta card sorting para trabajar en arquitectura de información. Desde mi perspectiva es la manera más simple y poco tecnológica (sólo lápiz y papel) para lograr que las personas cuenten historias acerca de los contenidos y cómo los usan.

Una segunda herramienta habitual, aunque siempre la he presentado como la más aburrida de hacer, es el inventario de contenidos. En simple, es una planilla de cálculo en el que se anota todo acerca de cada uno de los enlaces de un sitio web; permite capturar a plena vista todo lo que pasa en un espacio digital. Lo bueno, lo malo y lo que no funciona.

Por último, el análisis heurístico es parte de lo que siempre reviso cuando visito un espacio digital. 

No obstante, cuando salga el libro se podrá dar una mirada a 22 herramientas, incluyendo las tres que menciono, organizadas dentro del contexto de un proyecto. Entonces será más simple entender el valor de cada una. 

Lo bueno de la revisión fue comprobar que además de las tradicionales (como las que yo uso), siguen apareciendo herramientas útiles para trabajar en estas disciplinas. Y creo que con el tiempo habrá más, en particular las que se generarán a partir del análisis de contenidos que se está haciendo posible mediante inteligencia artificial. Al respecto sugiero mirar el trabajo de Gustavo Soto, quien presentó recientemente su libro Diseño Artificial, por lo que les propongo mirar su trabajo para entrar con mayor profundidad en ese espacio.

Así que vaya un testimonio de alegría por ver que disciplinas como la AI, la UX y la nueva IA siguen vivas y activas. Además, mi tranquilidad personal por haber terminado el texto. De eso, pronto les contaré más.

El aviso invisible que no funciona

Por diversos motivos me pasé el último mes haciendo investigación de guerrilla. Así se le llama en el primer mundo a aquel tipo de indagación rápida que permite tener alguna evidencia acerca de un problema, mediante métodos simples y de bajo costo. En nuestro lado del planeta –por temas económicos– es lo único que logramos hacer, pero bueno, eso es otro tema.

¿Qué he descubierto? Lo primero es la importancia de probar con personas del grupo de la audiencia a la que se enfoca un producto. Al hacerlo se abre un mundo de oportunidades importantes. No sólo permite entender mejor el producto, sino que aparecen  posibilidades de mejoras interesantes.

Por citar un ejemplo, en un caso trabajé con un sistema simple que permite generar tickets para un sistema de soporte online. En la portada se planean dos secciones. En la superior está el nombre del software más un buscador y en la zona inferior, los llamados necesarios para ingresar la información.

Mis dudas antes de la breve investigación: ¿Usarán las personas el buscador? Y si lo hacen, ¿qué tipo de pregunta ingresarán? ¿Y qué tipo de respuesta esperan recibir?

Las respuestas fueron amplias y creativas y permitieron entender de mejor manera lo que esperan personas que llegan a un lugar buscando ayuda para resolver un problema. 

Historias de personas

Lo segundo es que cuando se llega a las personas se descubre lo que realmente quieren, lo que miran y lo que ignoran. Por ejemplo, ya a comienzos de siglo se descubrió que los avisos que se muestran en la web no son vistos por nadie que no tenga una intención comercial. Se le llama ceguera al banner y es tan conocido, que hasta se describe en una entrada en Wikipedia.

Entre las cosas que tuve que investigar estuvo lo que algunas personas miraban en ciertas pantallas. A una de ellas le pregunté si sabía de una sección ampliamente publicitada usando banners en un sitio web. La respuesta fue negativa en todos los sentidos: ni había visto el banner, ni sabía de lo que allí se informaba. Es decir, un aviso invisible que no funciona.

Lo mejor es que cuando se hacen este tipo de investigaciones, por muy simples que sean, aparecen las historias de las personas usuarias. La ventaja de tenerlas es que permiten ilustrar lo que ocurre con un software y ayudan a poner en común una situación con nombre y apellido. Sólo por el hecho de contarla, más personas la entenderán, llegará más lejos y tendrá un efecto mayor.

Así que, en resumen, matiza tu verano y hazlo entretenido con investigación de personas usuarias. El futuro del software que desarrollas te lo agradecerá. La baja en los costos de soporte que genera una aplicación bien probada, te lo recompensará. Y, las historias que obtendrás en la pasada, te ayudarán a explicar de mejor manera en futuros proyectos. Para que la UX sea real, ponle personas a la experiencia.

Periodismo, la industria que se adapta

Ayer se dio a conocer el reporte “Periodismo, medios y tecnología: tendencias y predicciones para 2024” escrito por Nic Newman y publicado por el Reuters Institute y la Oxford University. Usando como base una encuesta realizada en 56 países a 314 líderes de redacciones, muestra lo que se viene.

Destaca en su primera línea el “poder disruptivo de la inteligencia artificial” y explica que “este será el año en el que las experiencias de búsqueda con IA generativa comenzarán a diseminarse, junto con una serie de chatbots impulsados por la IA que ofrecerán una forma más veloz e intuitiva de acceder a la información”.

Usos y riesgos

Respecto de para qué esperan usarlo, es interesante ver que casi en todo el mundo se va a incorporar la nueva tecnología en diversas áreas. Simplemente, se ve a la AI como una más de las que se van a usar, sin más.

El gráfico muestra los diferentes usos de la inteligencia artificial en Periodismo según el reporte Reuters Institute.

Además anota que “los líderes que encuestamos atribuyen distintos niveles de riesgo a los diferentes usos de la IA. El mayor, por lejos, reside en la creación de contenidos (56%), y le sigue la recolección de información (28%). En cambio, la automatización del back-end (11%), la distribución y la programación se consideran tareas menos peligrosas. Esto explica que actualmente se preste más atención a la eficiencia del back-end y se actúe cautelosamente ante el periodismo automatizado (a veces llamado “roboperiodismo”)”.

A estudiar se ha dicho

Es importante considerar que la mirada de los encuestados tiene una correlación con lo que ya se está haciendo en los centros de enseñanza. Por ejemplo, yo mismo contaba mis primeras experiencias usando AI en clases.

Por su parte, el profesor Ramón Salaverría de la U. de Navarra comentaba ayer los temas que abordará en la nueva asignatura que se incorpora al currículum: “Artificial Intelligence in Journalism”.

Además, puedo agregar que en la UDP comienza en marzo el Magíster en Comunicación Digital y Programación, cuyo foco es precisamente dejar a quienes comunican con las herramientas necesarias para abordar el desafío que ofrecen las tecnologías ligadas a la AI. Haré clases allí, por si acaso.

Mi punto de vista es que se requiere innovar de manera habitual, como lo ha hecho esta industria y sus profesionales en el pasado. De hecho, en una reciente nota explicaba que el periodismo es una “industria que en los últimos 30 años ha sido la más afectada por los cambios tecnológicos, somos nosotros los que hemos utilizado y adoptado la mayor cantidad de tecnología que cualquier otro. Este negocio ha cambiado totalmente, nos hemos adaptado y nos vamos a seguir adaptando”.

No es fácil ni simple. Pero hay que avanzar, porque tal como lo planteó el profesor Ismael Nafria, también entrevistado por el medio Vergara 240, “como toda tecnología se puede hacer un buen uso o un mal uso de ella. O sea, que va a depender de que los medios asuman el rol que les corresponda con el tipo de uso que van a hacer de la inteligencia artificial”. Desde su perspectiva informa: “Yo estoy totalmente a favor del uso de la inteligencia artificial en sí, porque en muchos casos te ayuda”.

Se abre el año 2024; vienen días interesantes.

La importancia de que exista el Dominio Público

Cada 1 de enero se celebra, donde es posible, la fecha en que ciertas creaciones intelectuales quedan a disposición de todos quienes deseen usarlas, sin pagar al autor, porque pasan al espacio que se conoce como dominio público.

La razón es que se cumplen las reglas previstas en la ley que protege la creación y que, en Chile (Ley 17336 – Artículo 10) corresponde a toda la vida del autor más un plazo de 70 años después de su fallecimiento.

Hasta fines del siglo pasado la protección en Chile era por 50 años. Sin embargo, en 2003 al entrar en vigencia el tratado de libre comercio con Estados Unidos, ese plazo se extendió hasta 70 años.

El primer efecto de la ampliación de ese plazo fue que durante 20 años no hubo nada que pudiera entrar a dominio público según la ley. Sí lo hubo en casos en que el dueño de los derechos así lo determinara. Así que el año pasado, por primera vez luego de ese vacío, se retomó esa práctica y en este año ya podemos decir que se está normalizando.

¿Autores chilenos que hayan pasado al dominio público el año pasado y éste? El sacerdote Alberto Hurtado (escribió el polémico “¿Es Chile un país católico?”) y el escritor Pedro Prado (autor de Alsino), por citar dos ejemplos.

En Chile, la Biblioteca Nacional se preocupa de motivar el uso de obras que están en el dominio público. En España, su similar española va más allá y publica la nómina de los autores locales que quedan liberados de derechos en 2024.

El factor Mickey

Por si tenían la duda acerca de cuál fue la razón por la cual se amplió la protección desde 50 a 70 años, hay que decir que todo tuvo que ver con el Ratón Mickey (y la empresa haciendo lobby tras él). Cuando estaba cerca de cumplirse el aniversario 50 del personaje, en el año 1998, en Estados Unidos se dictó una ley que amplió el plazo. Tan notorio fue, que se le puso ese sobrenombre. Sus efectos traspasaron las fronteras y por eso, al incluirse los temas de protección de derechos en un tratado internacional como el firmado con Chile, nuestro país quedó obligado a dictar una ley que respetara esa decisión.

En la ley en Estados Unidos se agregaron otros aspectos, que no están en la chilena y que sí afectan al ratón. Por ejemplo, cualquier obra pasa a dominio público 95 años después de publicada. Por eso y a pesar de las extensiones legales, a partir de este año Mickey se ve afectado. No el actual, sino la primera versión del ratón más conocido de Disney, que apareció en una película como capitán de un bote a vapor (conocido como Steamboat Willie).

Sin embargo, existe una serie de disposiciones legales que obligan a tomar muchas precauciones antes de llegar y usar a Mickey (ver imagen siguiente).

Una imagen con la forma de la cabeza de Mickey Mouse muestra qué se permite hacer gracias a su paso a dominio público. Básicamente, usar el Mickey inicial pero dejando claro que no es algo producido por Disney.

Lo bueno es que hay que considerar que tal como Walt Disney utilizó ampliamente el dominio público para sus obras, poco a poco lo que él desarrolló permitirá que nuevos creadores sigan empleando lo que existe para nutrir las nuevas versiones de lo que imaginamos. De allí la importancia de que exista, que se proteja y se divulgue.

Porque tal como comenté al comienzo, por un lado queremos cuidar y mantener los derechos intelectuales de lo que hacemos, pero, por el otro, queremos apoyar su divulgación, copia y uso permanente (por eso usamos Creative Commons en este sitio). Que para eso lo hacemos.

Que sea un buen 2024 para todos y más para los que siguen creando y armando ideas que se publican por medios digitales.

Viejito pascuero acuérdate de mí

Sigo en la tarea de estudiar cómo se cuentan las historias en los nuevos medios digitales que vamos utilizando por estos días.

Pero, debido a un par de ejemplos que me llegaron durante la época de la Navidad, creo que vale la pena hacer una detención para pensar un poco en las palabras que usamos para contar esas historias.

Comencemos por este gráfico que doy por verdadero, que muestra que sólo en Chile se le llama con el nombre de “Viejito Pascuero” a Papá Noel. Es decir, somos únicos en el mundo en esta denominación, que según reviso, viene de una mención comercial:

¿Por qué se le llama Viejito Pascuero en Chile? Según historiadores nacionales, el nombre tiene su origen en 1905, tras una campaña realizada por una juguetería llamada Bazar Alemán. La figura del personaje de barba blanca y traje rojo estaba en las vitrinas del local, uno de los primeros en hacerlo en aquella época. Debido a que en Chile la Navidad también es conocida como Pascua, el personaje recibió el apodo de «Pascuero», lo que sumado con su avanzada edad, le significó el apodo de «Viejito Pascuero».

Sigamos por los chilenismos. Como desde hace algunos días he vuelto a escuchar 31 minutos, me hizo sentido que hace algún tiempo ese gran medio que es Pictoline publicara un verdadero homenaje a los 20 años del programa infantil, con esta imagen que desmenuza las palabras que se usan en las canciones  (como taco, curao o pololo) y que, por un tiempo, sólo los chilenos podían entender.

Imagen de una publicación de Pictoline que destaca los chilenismos usados en el programa infantil 31 Minutos.

En todo caso, el completo sitio web de 31 minutos ya se había hecho cargo del tema, con su propio diccionario de chilenismos, disponible desde 2021. Aunque allí se explica que, por supuesto, “no son necesariamente son todas las acepciones que existen de cada expresión, así que tenga cuidado”. O sea, use con precaución.

Usabilidad internacional

¿Por qué me interesa el tema? Pues porque desde hace mucho tiempo  (por ejemplo,este artículo publicado por Nielsen en 1996) hay una preocupación general por hacer que los contenidos  que se publican puedan ser entendidos por personas de otras áreas del mundo. Es decir, quienes no comparten el contexto de obviedad que representa compartir el lugar de origen del autor.

Por ejemplo, para acercarlo a un medio que utilizo habitualmente como ejemplo, como es el diario The New York Times, en esta época suele ofrecer una gran cantidad de datos  de todo tipo para personas que deben enfrentar el frío del invierno del hemisferio norte. Pero, si parte  de la audiencia ya no está en el país de origen del medio, ¿sigue siendo válido usar esa referencia de temparatura para todo?

El idioma del autor

Otro caso para darle más fuerza a este concepto es que en muchos casos hay libros, sitios web o incluso newsletters, escritos en el idioma local del autor, lo que obliga a buscar explicaciones más allá de lo que uno está leyendo. Sí, aumenta el léxico de quien se esfuerza, pero pone a prueba la paciencia de quien busca la información.

Esta semana, por citar tres ejemplos latinoamericanos, encontré en un libro esta frase:

…aunque el libro sea malo desde el principio hasta el final, solo dará la tabarra un ratito…

Me perdí en tabarra. Tuve que salirme del papel y pasar a un diccionario online para entender y seguir.

Luego en un newsletter literario al que estoy suscrito, venía esto:

Sí, era una buena novela, pero comparada con [otro título de novela] era chancay de a medio.

Tal cual, no conocía esa unidad de medida.

Por último, en otro envío de un newsletter leí este dato:

La prepaga te arranca una libra de carne todos los meses, siempre que tengas una prepaga.

Sí, se trata de un término relacionado con la salud.

En fin, ejemplos abundan. Se entienden y si no, se buscan. Pero me da la sensación de que cuando se trabaja en un medio digital, ofrecer la explicación en un enlace o mediante algún artilugio tipo tooltip, sería parte de lo que hay que diseñar teniendo en mente a la persona que usa el contenido que publicamos.

Quien lo lea estará agradecida y entenderá que nuestra preocupación es sumar a su experiencia. Con eso, el esfuerzo queda recompensado.

PD: Termina el año, por lo que aprovecho de desearles lo mejor para todo lo que sigue. Un abrazo.

El nuevo formato de las historias digitales

Debido a que sigo firme con la meta de terminar el año con la redacción de un libro que abarca los temas de los que hago clases (entre ellos, los nuevos formatos de historias digitales), he tenido que volver sobre diferentes textos incluyendo lo que escribí hace 14 años sobre redacción digital.

Entonces anotaba que las personas no tenían paciencia y que, por lo mismo, había que escribir corto y directo para impactar a la audiencia. Decía en 2009:

“el usuario que visita hará una revisión general y en menos de 5 segundos podrá determinar si lo que se le ofrece no es lo que busca; si no lo es, entonces abandonará el sitio”.

Tienes 5 segundos (2009)

¿Qué ha cambiado desde entonces? Puedo anotar tres artefactos tecnológicos. Uno: el scroll infinito. Dos: la victoria del contenido efímero. Tres: el tap (o toque en la pantalla de celular) como gesto de acción habitual.

Desde mi punto de vista, la combinación de esos tres elementos ha ayudado a desarrollar una actitud de desafección respecto del contenido que se consume. Ya casi no importa lo que se ve o deja de ver en pantalla, porque siempre habrá algo más que lo reemplace.

Eso lleva a que el tiempo para comunicar sea cada vez más mínimo y que la única forma de estar en la memoria de las personas, sea mediante una buena historia (por ejemplo, la del hotel que ha circulado en los últimos días). 

Resumir para ganar

Como consecuencia de lo anterior, ha sido normal que aparezca el ahorro de tiempo para quienes leen entre los primeros usos que se le han encontrado a la inteligencia artificial (IA) en contenidos periodísticos. Sobre este tema hay exploraciones varias, como se puede evidenciar en el reportaje hecho por el medio Vergara 240 de la UDP (donde yo mismo hago clases) sobre el efecto de la IA en el periodismo.

Los ejemplos activos en esta línea están en la aplicación Artifact, de la que hablé hace un tiempo, que mejora títulos y ofrece resúmenes para apoyar la comprensión de lo que está ocurriendo en el menor tiempo posible.

Otro similar lo presentó la semana pasada el diario Clarín de Argentina. Se trata de UalterAI, un asistente basado en IA que ofrece varios servicios, incluyendo presentar la noticia en menos tiempo que la lectura completa (un texto condensado de una extensión aproximada del 20% del original, explican). Pero, además, entrega los números que puede incluir un artículo, la lista de las fuentes que son nombradas y presenta la información en formato de preguntas y respuestas.

Sin embargo, en la línea de buscar nuevas formas de contar historias no hay demasiado en los medios que siguen explorando lo habitual. Como el uso del audio vía podcast que se hace en medios como Cooperativa y Tele13 Radio o el video que se traslada de la TV hacia Youtube, con el único valor agregado que da verlo segmentado sin tener que buscar la parte que uno quiere ver.

Nuevas formas de contar

Quizás lo más interesante en cuanto a formatos está ocurriendo fuera de los medios, como el caso del periodista mexicano en TikTok, que di la semana pasada. 

Sin embargo, aún no llegamos a algo que se da en el ámbito del comercio electrónico en Asia, donde se está usando el concepto de live shopping con gran éxito. Comenzó en China y se ha extendido por diferentes países con resultados variables aunque coincidentes: hay muchas personas interesadas en conectarse y ver lo que alguien quiere contar, aunque sea un paseo por un supermercado o las características de un dispositivo a la venta. Lo interesante es que allí se dan los tres factores que mencioné al comienzo: scroll infinito (tanto como la persona quiera transmitir), contenido que dura lo que se desee pero que no está hecho para mantenerse allí y un “tap” como gesto para activar la compra.

¿Habrá que avanzar hasta inventar eso para ofrecer contenidos que sean de interés para las audiencias actuales?

P.D.: Esta es la semana de la Navidad y por eso les deseo que sea muy feliz, llena de aquello que le dé el mejor y mayor sentido. Un abrazo.

No quiero que me cuentes eso

Como la semana anterior hablé de botones que no existían en comercio electrónico, tengo la tentación de aplicar lo mismo al consumo de las noticias. 

Pero antes de eso, quiero darme una vuelta por un concepto que vi esta semana gracias a una publicación de elDiario.es que hace referencia a una conversación entre dos referentes del periodismo en español. Allí, Martín Caparrós responde una consulta de Gumersindo Lafuente y ensaya una nueva definición de periodismo. Ya no es “contar eso que alguien no quiere que se cuente”, sino que lo lleva más allá y dice: “periodismo es contar algo que muchos no quieren que les cuentes, porque no tienen ganas o no creen que les interese”.

Hay que juntar esta mirada con un dato que viene del estudio de las audiencias: “la cantidad de gente que evita las noticias, a menudo o a veces, permanece cerca de máximos históricos: es un 36% del total relevado. Notamos que este grupo se divide en dos: por un lado, quienes procuran evitar periódicamente todas las fuentes de noticias y por el otro, quienes tratan de restringir específicamente el consumo de noticias en determinados momentos o sobre ciertos temas”.

TikTok para informarse

Y, como si esto fuera poco, se lo debe mirar en conjunto con los datos que vienen desde EE.UU. donde se estudia a las personas que consumen información de manera muy habitual, y que permitió acceder al gráfico siguiente donde muestra cómo mientras casi todos los métodos para llevarle noticias a la audiencia joven caen, hay uno que sube. Ese es TikTok.

Gráfico de Pew Research acerca de cómo se usan las redes sociales para ver noticias. TikTok sube mucho entre jóvenes.

¿Habrá información parecida en Chile? Un trabajo reciente de la profesora Ximena Orchard (Periodismo UAH) reveló que “en los segmentos medios, medio bajo, bajo, y en audiencias más jóvenes, los consumos informativos son lejanos y presentan una “fatiga informativa” o evitación de noticias”. Es decir, lo que estábamos describiendo antes.

¿Algo sobre uso de TikTok para informarse? Sí, se usa, pero tiene bajo nivel de confianza. Dice el estudio: “La que genera mayor desconfianza es TikTok: un 67% de las personas encuestadas considera que la información que circula allí es poco o nada confiable. Y, a pesar de que se critica a los medios tradicionales, igualmente generan un poco más de confianza en términos de su contenido”.

Puedo agregar que en una encuesta informal entre mis alumnos de primer año de periodismo (19 a 20 años de edad), TikTok seguido por Instagram, son los canales favoritos.

Contenidos sintéticos

Pese a eso, creo que es cuestión de tiempo para que este tipo de redes encuentren la forma de llegar a sus audiencias de la manera que se espera y se consiga ese factor de confianza y seguimiento que antes poseían los medios.

Lo primero es que debido al uso de inteligencia artificial y la presión por completar la tarea de tener contenidos a bajo costo, habrá cada vez más elementos producidos vía software. Contenidos sintéticos, era el nombre tentativo que le daba en un texto en que estoy trabajando, pero luego vi que esa denominación ya está siendo usada para describir ese tipo de información. Corresponde a la situación en que se entrena un modelo de lenguaje (LLM) con contenido exclusivo de un medio y luego se le pide responder preguntas y crear diferentes salidas de contenidos a partir de esa base de información: todo lo que produzca será adecuado y casi sin problemas.

Contenidos en el formato ideal

Lo segundo, es que ante un escenario de mucha información, comienzan a aparecer los buenos intérpretes que te ayudan a entender una situación. De hecho, ya se habla de DJs de noticias como tendencia. Lo explican así: “Los artículos que escriben los periodistas se convertirán en material de partida que se remezclará y ofrecerá en presentaciones hiperpersonalizadas. (Un ejemplo sencillo es que la mayoría de la gente prefiere leer las noticias en su lengua materna). La creación de productos informativos extremadamente personalizados no requiere una tecnología que vaya más allá de la que ya ofrecen los LLM actuales: Sólo falta liderazgo innovador y financiación para empezar a hacer crecer la idea”.

¿Cómo podría funcionar? Pues, creo que encontré un ejemplo perfecto. Es el trabajo de Carlos Allende, un tiktokero mexicano que colaboró con el sitio Fábrica de Periodismo para dar cuenta de una gran investigación sobre los vuelos de la muerte, un caso en que una dictadura mata a sus opositores y los arroja desde un avión en vuelo.

El director del medio, Ignacio Rodríguez Reyna, contó en una entrevista con Ismael Nafria: “Hicimos una investigación y armamos un video en su cuenta (@sirallende), porque no teníamos nosotros, y estuvo muy bien, tuvo un millón de vistas. Repetimos el experimento en abril con otra investigación. Hicimos dos videos, y en uno de ellos funcionó muy bien, con más de 600.000 vistas”.

Hay algo allí, ¿no? Hay un valor en entregar la información en el formato que se espera, en la dosis adecuada y en el lenguaje que se espera. Que lo veo como algo complementario al gran trabajo de juntar, recopilar, investigar y contar historias que hay que saber, como dice Caparrós. 

Tras ver toda esta evidencia que aparece, a su frase le agregaría: noticias contadas de la manera en la que estoy dispuesto a escuchar.