Archivo del Autor: Juan Carlos Camus

Lo que dejaremos de hacer gracias a la inteligencia artificial

A raíz de la aparición hace una semana de ChatGPT, una aplicación que conversa mediante texto y que está basada en inteligencia artificial (presentada por OpenAI), varias veces entre la gente que sigo se ha mencionado que se trata de un posible reemplazo del buscador de Google.

El chat al que me refiero es una aplicación que tiene la capacidad o habilidad de responder preguntas hechas en lenguaje natural, es decir, de la manera en que conversamos. Responde en español (además de inglés), recuerda lo que te ha dicho previamente y elabora ideas de manera hilvanada por lo que constituye un lugar interesante para considerar cómo pueden evolucionar a futuro las aplicaciones de este tipo.

¿Por qué podría reemplazar a Google? La explicación es que al dar respuestas directas, compite directamente con el mayor uso que tiene ese buscador en este momento, que es entregar información directa en pantalla, sin necesidad de que las personas que consultan tengan que seguir un enlace (hablamos de eso hace unos días).

Un par de ejemplos

Por ejemplo, a la pregunta de «cuál es el mayor escritor chileno de la historia«, responde:

Uno de los más destacados escritores chilenos de la historia es considerado Pablo Neruda, quien ganó el Premio Nobel de Literatura en 1971. Otros escritores chilenos importantes incluyen Gabriela Mistral, premio Nobel de Literatura en 1945, y Isabel Allende, autora de varios bestsellers internacionales.

Texto generado por ChatGPT

Y a la petición: «puedes escribir en tres párrafos un texto para el colegio que explique cuál es el mayor escritor chileno de la historia«, responde con:

El mayor escritor chileno de la historia es considerado Pablo Neruda, quien nació en 1904 en Parral, Chile. Neruda fue un poeta y escritor de gran talento y originalidad, y su obra literaria abarca diversos géneros y estilos, desde la poesía lírica y el ensayo hasta la novela y el teatro.

Neruda ganó el Premio Nobel de Literatura en 1971, y su obra más conocida es probablemente «Veinte poemas de amor y una canción desesperada». Este libro, publicado en 1924, es una colección de poemas románticos que rápidamente se convirtió en uno de los más populares de la literatura chilena.

Además de su trabajo como poeta, Neruda también fue un activista político y social, y su obra literaria refleja sus convicciones políticas y su compromiso con la justicia social. Su legado literario es uno de los más importantes de Chile y de América Latina en general, y su influencia sigue siendo evidente en la literatura contemporánea.

Texto generado por ChatGPT
¿Qué sigue?

Algunos días atrás di una charla ante profesores de colegio y quedaron atónitos cuando les describí esta función. Abre tantas posibilidades de actividad para quienes están estudiando (para dejar de hacerlo, por ejemplo) como ideas respecto de qué actividades van a ser complementadas, si es que no reemplazadas, con estas nuevas funciones que van a ir llegando de manera regular a nuestras pantallas.

Uno de los efectos que tuvo la Internet más la web y sus buscadores fue la posibilidad de evitar usar la memoria para acceder a lo que necesitábamos recordar, ya que sólo había que anotar las palabras adecuadas para llegar a la respuesta en milisegundos. Lo bueno de ese sistema es que las respuestas traían una fuente de origen de la información, lo que facilitaba su revisión; en el caso de este chat no hay fuentes de los datos lo que permite abrir espacios a la duda, si es que tienes el tiempo para hacerlo.

El otro espacio que se abre es que una actividad tan humana como poner por escrito las conclusiones de lo que has averiguado (antes llamado redacción) ya no será tan necesario ni relevante, porque este método automatizado facilita (para no decir que reemplaza) esa tarea en su totalidad.

Se abren muchas preguntas y me parece útil comenzar a hacerlas.

¿Tener perfil en Redes sociales o tener un sitio web?

Una de las disyuntivas más interesantes del último tiempo es la que se ha renovado tras el eventual fin de Twitter, tiene que revisarse por partida doble. Por un lado, decidir qué hacer si se termina y por otro, valorar si la red social es el único espacio al que hay que dedicar el esfuerzo creativo.

Antes de seguir debo decir que estoy presente en Twitter desde 2007 y que me sirve de medio de comunicación, barómetro de temas y descubrimiento de personas.

La primera parte de la disyuntiva se refiere a sí mantenerse allí o migrar a otra red. Queda claro que si desaparece, la respuesta es obvia. Pero si sigue, ¿hay que quedarse con las nuevas reglas que de seguro van a aparecer? Para responder será útil apelar a la Ley de Metcalfe, creada por el autor de la red Ethernet quien señalaba que “el valor de una red de telecomunicación aumenta proporcionalmente al cuadrado del número de usuarios del sistema” lo que, llevado a una red social, se puede entender como que “la utilidad social de una red depende del número de nodos en contacto”. Entonces, moverse a otra red vale si lo haces con tus contactos o bien si en la red alternativa, ya hay un número adecuado de personas cuyos contenidos te interesan. 

Los riesgos de una red social

La segunda parte a considerar es la parte más interesante del tema y se refiere al hecho de que lo que consigas en la red social no te pertenece. Es decir, son tus contenidos (aunque le das una licencia a la red para que los utiliza y hasta los venda sin que participes del negocio) pero están instalados en un lugar que no te pertenece. Cuando quiera que ocurra, la red puede cerrar tu cuenta, cambiar las condiciones, modificar la forma de acceso o dejarte en una situación que te impida seguir en contacto con quienes te siguen. ¿Hay control ante ese tipo de daños? ¿Se puede mitigar ese riesgo? La respuesta en ambos casos es positiva, pero la posibilidad de actuar a tiempo es baja y por lo mismo, lleva a considerar que las ventajas son menores que los problemas que se avizoran.

De allí que mi consejo permanente para quienes crean contenidos digitales es que la red (sin importar cuál sea) debe ser secundaria a un espacio propio, un sitio web donde puedas publicar lo que te parezca, apoyado en un sistema de membresía (por ejemplo, un newsletter como el que comencé hace poco) que te ayude a tener contacto directo con tus usuarios. No tener esa capacidad te deja a merced de lo que la red decida, lo que siempre va a ser una lotería.

En resumen: tener un sitio web propio para las publicaciones, contar con un sistema de membresía para recoger los datos de tus seguidores y participar en una red amplia para difundir lo que haces. En ese orden y no al revés.

¿Cuántas búsquedas terminan en Google?

Un trabajo realizado por Marcus Tober, especialista en SEO de Semrush, acaba de entregar un dato muy interesante: el 25% de las personas que buscan algo en Google no hace click en ningún resultado. Le llaman el zero-click.

A través del análisis de la navegación de clientes de la empresa en Estados Unidos en computador y celulares durante el mes de mayo pasado, lograron establecer que el 45% de los usuarios que llegan al buscador siguen un enlace de los que se ofrece en la página de resultados, lo que se conoce como resultados o clicks orgánicos.

El gráfico muestra las diferentes acciones que realizan las personas que ven los resultados de Google.
El gráfico muestra las diferentes acciones que realizan las personas que ven los resultados de Google.

La explicación del autor para el grupo de zero-click es que «puede tratarse de una situación en la que un usuario no haya podido encontrar la respuesta y haya decidido afinar aún más la petición, o haya encontrado una respuesta en algo como un featured snippet (párrafo destacado), por ejemplo».

Experiencia de uso en los resultados

El autor también destaca el número de personas que clasifica en el grupo «google keyword» del que explica: «Si combinamos el número de clics de Google con el número de cambios de palabras clave, vemos que casi el 30% de las personas están refinando o ampliando sus búsquedas de alguna manera». Vale decir, el buscador ha logrado capturar de buena manera la experiencia de las personas que utiliza el buscador.

La mayor parte de los usuarios toma decisiones rápidas cuando hace una búsqueda,
La mayor parte de los usuarios toma decisiones rápidas cuando hace una búsqueda,

Por último, vale la pena fijarse en la imagen previa, que muestra cuánto tiempo demoran las personas en hacer una decisión respecto de lo que buscan. Lo relevante a mirar aquí es la rapidez de la decisión: antes de 10 segundos, el 65% de las personas ya han hecho alguna acción. Prueba de lo efectiva que es la interfaz que se ofrece para los resultados.

En resumen, un estudio muy interesante (sugiero ver los resultados para móviles) que vale la pena revisar con detalle.

Borrar contenidos antiguos: ¿cuándo es adecuado?

El contenido de este post es el fruto de una conversación de varias etapas que tuvimos en un curso sobre contenidos digitales hace unos días. El tema consistía en determinar cuánto escribir, cómo hacerlo y junto con eso, cómo guiar a las personas que leían acerca de lo que estaban viendo en pantalla.

Un tema que surgió de manera interesante fue qué hacer con contenidos antiguos que ya no estaban vigentes y que entraban en conflicto con información más reciente. ¿Basta con dejarlo como archivo y que las personas saquen sus conclusiones, o habría que hacer algo más?

Esto me llevó a mirar algunos ejemplos de medios, en especial en inglés, como los que se ven en las imágenes que siguen:

En ambos ejemplos aparece un signo evidente para destacar que se está mostrando contenido antiguo. Se indica que la información tiene varios años desde que fue publicada, en un gesto claro hacia las personas que leen, para resguardarse de entender algo antiguo como si fuera actual. Lo interesante es que el contenido no se modifica, sólo aparece el aviso sobre el contenido para que quede clara esa situación.

¿Borrar contenidos antiguos?

Aunque mi planteamiento habitual es que el contenido no debe borrarse nunca y que lo publicado debe mantenerse de manera permanente, creo hay que matizar ese punto de vista.

Por ejemplo, si hablamos de sitios de noticias, es relevante que lo antiguo se mantenga porque constituye el archivo y su acumulación y organización adecuada constituye un valor permanente para el medio que lo tiene y mantiene.

Si se trata de un sitio que anuncia trámites y cómo llevarlos a cabo, lo ideal sería marcar de manera clara que esa forma de hacer las cosas ya no existe más o bien, que cambió la forma de llevarlo a cabo. En ambos casos, ese dato es muy relevante para la persona que necesita cumplir con la tarea, ya que si sólo se borra la información y no se presenta más, se podría interpretar como que la información no está presente y no como el hecho de que el trámite ya no se puede hacer de esa manera.

Sin embargo, si hablamos de un sitio de comercio electrónico, ya no es necesario mantener lo antiguo ya que las ofertas pasan, los productos se renuevan y la información relacionada se va modificando a medida que pasa el tiempo. Cualquier dato antiguo y fuera de contexto podría dar una señal equivocada a las personas que revisan la información y podría generar un problema mayor. En este sentido, es interesante ver lo que hace Amazon al respecto, al mostrar el producto «antiguo» y avisar en forma lateral que hay uno nuevo, según lo que muestra este ejemplo:

La imagen de Amazon muestra la zona inferior del producto, donde se anuncia que hay una nueva versión.
Amazon: En la zona inferior del producto se anuncia que hay una nueva versión.
Más que una respuesta correcta

Como vemos, no hay una única respuesta a la pregunta de si se deben borrar los contenidos antiguos. Por lo mismo, creo que es un buen momento para integrar este concepto dentro de la estrategia de contenidos y el flujo de trabajo que se haya definido para el espacio digital en el que se esté operando.

Finalmente, antes de cerrar este post es importante decir que cuando hay contenidos antiguos en un sitio web hay que dedicar tiempo para trabajar con ellos y mantenerlos integrados, con el objetivo de que constituyan un activo relevante al contenido que se ofrece. Si no hay esa preocupación, es muy posible que el valor que puede alcanzar, no llegue a producirse. Con esa mirada, es mejor tener menos contenidos que tener mal contenido. Dicho así, menos es más.

Un maestro del SEO habla sobre el Mundial

Pocas veces se da la oportunidad de que una persona que sabe mucho de un tema explique de manera clara, con datos y métodos, lo que hace en su trabajo. Así que vale mucho escuchar y ver lo que Claudio Cabrera tiene para decir acerca del próximo Mundial de Fútbol de Qatar 2022.

Claudio se hizo muy conocido por su trabajo en la optimización de buscadores (conocido como SEO) para The New York Times, aunque desde hace algunos meses está trabajando para The Athletic. Él es de origen dominicano así que habla en español e inglés y desde hace tiempo comparte generosamente lo que sabe vía Twitter.

Sin embargo, esta vez fue más allá y en una charla online describió con detalle el trabajo que está haciendo para su nuevo medio con miras al mundial de fútbol, que se jugará en noviembre y diciembre en Qatar.

Claudio Cabrera durante su charla en el seminario de SEO.
Claudio Cabrera durante su charla en el seminario de SEO.

La receta de Claudio

Lo primero a destacar es que su planteamiento demuestra que para estar bien ubicado en los resultados del buscador (es decir, aparecer en la primera página de Google) hay que tener una estrategia de contenidos que permita generar los textos e imágenes adecuados para ser indexados, ya que hay que comenzar temprano, pero con la información correcta.

Lo segundo es que hay que partir antes que los demás. Dado que los contenidos serán indexados por el buscador y gracias a ello, habrá gente que sin conocer el medio irá a Google a preguntar dónde hay información, hay que asegurarse de que haya tiempo para que te indexen. En el caso del contenido deportivo, su método ha sido partir antes que nadie (hasta 14 horas antes de que empiece un evento) con páginas de contenido útil.

Lo tercero, es ofrecer enlaces hacia el contenido. Hay que tener personas que lleguen a la audiencia (que en su caso son periodistas deportivos conocidos por la audiencia) que publiquen y den a conocer los contenidos para que las personas lleguen a ellos y que se interesen por seguir viéndolos.

Lo cuarto es ser consistentes en la publicación, ya que hay que mantener un ritmo de actualización y de contenidos que le dé a las personas y a Google, razones para entender que una determinada dirección web (es decir una URL), se va actualizando y va entregando información adecuada, correcta y a tiempo.

Y dejo al último lo que debería ir primero: el SEO se realiza para cumplir con un objetivo de negocios. En el caso de su medio, para aumentar las suscripciones. Y en la charla cuenta cómo y de qué manera lo cumplen.

Así que, en resumen, una gran charla y mucho para anotar y aprender.

¿Cómo seguirle el ritmo a los cambios de Google?

En los últimos meses ha habido mucho que hacer en el campo del SEO (en español, optimización de sitios web para buscadores) debido a las modificaciones que ha hecho Google a sus algoritmos.

Cada cambio ha significado que los interesados en el tema deban considerar muy bien lo que están haciendo porque lo que antes era bueno y funcionaba para hacer que un sitio apareciera primero en las búsquedas, ya no lo es tanto.

El problema es que Google avisa lo que hace con cierta anticipación pero no es todo lo claro que se espera, lo que lleva a ciertas sorpresas entre la comunidad y no queda más que ver los efectos que causa el cambio y luego explorar cómo enfrentar los cambios. Es lo que han hecho la mayor parte de los especialistas.

Dónde mirar

En mi caso, sigo este mundo con interés ya que he hecho SEO de manera habitual aunque sin ser especialista. Mi forma de acercarme ha sido a través de lo que van haciendo algunas personas que cuentan y explican lo que hacen (por ejemplo, Juan González Villa, Lily Ray y SEO Journal), además de seguir lo que va apareciendo en el blog del propio buscador.

Sin embargo, creo que la forma más útil es la del estudio sistemático de lo que Google muestra y enseña acerca de las tareas que permiten ser indexado por ellos mismos. La forma de hacerlo es a través de su documentación para desarrolladores que muestra todo lo que se necesita saber. Con tiempo y ganas, es el mejor punto de partida para trabajar en SEO.

Procrastinar: cómo se dice y cómo se hace

Sé que llego muy tarde a esta palabra, pero vale más tarde que nunca. Me refiero a procrastinar, que se define como la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables por miedo a afrontarlas (ver más).

Hasta esta semana la decía sin la segunda «r» (es decir, procastinar) y un aviso en la TV más un post de un buen amigo me llevó a ver la definición formal de la RAE, que se explica en este tweet:

Imagen con el tweet de la RAE de 2019 en que explica la palabra
Tweet de la RAE de 2019 en que explica la palabra

Patricio, mi amigo, ofrece un boletín con datos útiles para aumentar la productividad y en cada envío entrega un enlace hacia un sitio para procrastinar. De lo más entretenidos que ha reseñado, sugiero ver el que permite adivinar en qué lugar del mundo se creó una obra de arte; la mezcla de Wordle y Tetris y el buscador de mapas antiguos.

Dicen que el ocio ayuda a pensar, así que podemos decir que este post es una muy buena contribución en ese sentido.

Presentamos en Chile el libro de UX latinoamericana

Como he aprendido en la práctica el oficio de hacer libros es complejo, largo y muy entretenido. Una de las partes más complicadas es la final, cuando el texto ya existe y hay que promoverlo para que las personas sepan de su existencia y se cumpla la promesa de que su contenido trascienda más allá de sus páginas.

En eso estamos, precisamente, con «UX Latam: historias sobre definición y diseño de servicios digitales» el libro que reúne las historias y recomendaciones de 41 profesionales de 19 países de Latinoamérica sobre cómo generar productos centrados en la persona.

Este miércoles que pasó lo presentamos en Chile gracias a la iniciativa del Centro de Experiencias y Servicios de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez, que convocó a cuatro de los autores. Desde México participó una de sus editoras, Marta Sylvia del Rio y desde Chile estuvimos Andrea Zamora, Javier Velasco y quien les cuenta esto.

Imagen de la transmisión publicada en Twitter por Marta Sylvia del Rio.
Imagen de la transmisión publicada en Twitter por Marta Sylvia del Rio.

Durante el evento tuvimos la oportunidad de comentar acerca de nuestros respectivos capítulos, responder preguntas y dar a conocer lo diferente que es hacer UX desde esta zona del mundo, donde lo equipos, los recursos y las técnicas de trabajo son tan diferentes.

Por eso, te dejo la invitación para descargar el libro (se entrega en forma gratuita) y leerlo. Cubre muchos temas en capítulos muy bien armados, llenos de historias locales. Vale la pena tenerlo a la mano.

¿Cuánto pagarías por ver un medio online?

Casi en el inicio del periodismo digital, entendido como el ejercicio de la profesión y del negocio de entregar noticias desde plataformas de Internet, ha habido una discusión acerca de si cobrar o no por lo que se entrega a través de estos canales.

Dado que me tocó vivir en el inicio de esta parte de la industria en Chile, estuve en las mesas en la que los directivos discutían, primero, acerca de la conveniencia de estar en Internet y luego, de si habría alguna forma de hacer rentable esa presencia.

La preocupación inicial era si la venta de la versión impresa de los medios caería debido a que era posible leer lo que se publicaba a través de Internet. La respuesta inicial fue tajante: no era un problema, porque había tan poca gente conectada que no se notaría.

Sin embargo, persistía la preocupación en la industria porque se entendía que entregar todo gratis a la larga sería un problema. Incluso, en el propio inicio hubo diarios como The Wall Street Journal en Estados Unidos, que tan temprano como 1996 puso un muro de pago (paywall) para obligar a las personas a pagar; ese método fue seguido por otros con la creación del término freemium (mezclando las palabras free y premium) para denotar la entrega de algunos artículos gratuitos para luego cobrar por el acceso a todo el contenido.

La pregunta que busca respuesta desde entonces es cuál es el precio a cobrar por el acceso y en caso de entregar artículos gratuitos, cuánto es el número mínimo de artículos de regalo que lleve a las personas a querer pagar por tener un acceso mayor. Esa misma pregunta queda respondida en un artículo publicado este mes por un científico del The New York Times que cuenta lo que ha hecho para resolver este problema.

El embudo de suscripción de The New York Times.

La imagen muestra el embudo de conversión de suscriptores y refleja que cualquier persona que entra al diario recibe la posibilidad de leer un determinado número de artículos; si se registra recibe más hasta llegar al límite mensual que lo lleva a decidir si paga para ver más o se espera hasta que le liberen más artículos gratuitos. Lo interesante es que usando una capa de software basada en machine learning, el diario intenta pronosticar si conviene darle más o menos artículos gratis a cada lector.

En palabras de Rohit Supekar, científico de datos del diario y autor del artículo:

…el modelo determina la cantidad adecuada de artículos gratuitos que se debe permitir a cada usuario para que se interese lo suficiente por el Times y quiera suscribirse para seguir leyendo más.

Rohit Supekar

En la conclusión de su texto explica que el modelo está funcionando y que gracias a eso y comparando el comportamiento de las diferentes audiencias, han logrado aumentar el número de suscripciones de manera consistente.

¿Cuál es la mejor hora para publicar?

Una de las preguntas que habitualmente aparecen en las clases acerca de contenidos digitales, se refiere a ¿cuál es la mejor hora para publicar en redes sociales?

Habitualmente uso como respuesta una historia de una conversación con un amigo, cazador de aves silvestres. Dado que siempre contaba su aventuras en el campo, la mayoría de ellas en la madrugada, le consulté cuál era la mejor hora para salir a cazar. Y su respuesta, rápida, fue: «cuando haya pájaros». Luego se lanzaba en una explicación larga sobre los hábitos de sus presas, que solían moverse cuando salía y se ponía el sol: en ambos horarios había mucho tráfico y por lo tanto, buen momento para cazar.

Volvamos a la clase. mi respuesta luego de la historia es que hay que publicar cuando la audiencia esté disponible a escuchar e interactuar. Para ello, nada mejor que revisar las estadísticas de la propia cuenta en la que se está publicando, puesto que allí hay información específica y directa que se puede utilizar. En este mismo sentido, también vale la pena mirar los datos que ofrecen entidades dedicadas a las métricas (por ejemplo, Comscore) ya que en forma habitual están entregando datos.

Instagram según Comscore: muestra las mejores horas para publicar (quitar una hora, para Chile)

En las clases de este mes he estado comparando estos datos con la realidad y, sin sorpresa, puedo decir que el promedio general no se acerca a cada caso en particular. De hecho hay perfiles específicos en que las horas de mayor tracción para las publicaciones ocurren después entre las 10 de la noche y la medianoche, franjas que aparecen casi sin actividad en la imagen.

Por lo tanto, el mejor consejo es mirar las analíticas del perfil, probar y ver. Cada caso tendrá su propia historia para contar.