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Una receta: ajustar la producción a las necesidades del usuario

A través de varias fuentes llegué a un artículo publicado por FT Strategies que reseñaba el trabajo de Dmitry Shishkin, un ex periodista por 20 años de la BBC transformado ahora en consultor independiente.

Su tema central es lo que llama «Necesidades del usuario» que parte de la idea de que las personas consumen noticias por más razones que las de estar informadas. Desde su perspectiva hay seis categorías para explicar la visita de una persona a un medio noticioso: saber lo último que ha pasado; entender el contexto de un hecho; seguir una tendencia; que se les inspire; que se les divierta y, por último, que se les dé perspectiva. Todo en torno a lo que está ocurriendo.

El gráfico de Shishkin sobre las necesidades del usuario.
El gráfico de Shishkin sobre las necesidades del usuario.

Sin embargo, lo que Shishkin detectó en BBC es que la mayor parte del esfuerzo editorial estaba en la actualidad y por eso lo normal es que se publicaran muchas noticias para actualizar y contar lo último que estaba ocurriendo sobre algún hecho. Pese a ello, ese esfuerzo no era recompensado con visitas de parte de los usuarios, quienes seguían mirando material más antiguo por el que seguía habiendo interés.

Debido a eso comenzaron un trabajo largo para equilibrar la tendencia y producir de manera más equilibrada, lo que vieron comparando datos a cinco años de distancia y revisando lo que habían conseguido a través de esta estrategia de contenidos.

Los resultados se ven en la siguiente tabla: si bien produjeron un 60% menos de piezas de contenido consiguieron que la audiencia aumentara en todas las categorías.

Los datos del medio: número de noticias y page views comparados en cinco años.
Los datos del medio: número de noticias y page views comparados en cinco años.

En palabras de Shishkin:

«Esto sugiere una mejor planificación y proceso de encargo de las historias que se destacan, que importan y que marcan la diferencia, con mucho menos desgaste. Esto también sugiere que hay coherencia en la estrategia detrás de las tácticas y de la ejecución creativa, pero, sobre todo, en la comprensión del nicho y del papel que juega en el mercado».

También detalla que las noticias deben evolucionar e ir avanzando por las categorías a medida que se genera más información y se avanza en la cobertura. Así lo explica: «los temas que nacen a partir de un hecho noticioso siempre comienzan como historias cortas del tipo «Actualízame». Después, cuando se añaden más detalles y contexto, se convierten en historias del tipo que ayuda a entender el contexto o a ofrecer perspectiva. Si una historia tiene un elemento emocional (especialmente un vídeo), puede convertirse en una historia del tipo «Inspirarme» o «Diviérteme». La planificación a largo plazo implica historias programadas para un acontecimiento concreto o una fecha histórica, especialmente las explicativas, y suelen funcionar como historias «Edúcame». Ahora escucho con más frecuencia a los editores planear sus tareas con palabras como «bueno, lo veo como una historia [necesidad del usuario], y los periodistas parecen entender exactamente lo que se les pide».

De sus palabras y de lo que plantea en el artículo se desprende que no se trata de una tarea de corto plazo, sino que es un trabajo largo que involucra que quienes escriben y trabajan en medios con este tipo de estrategia de contenidos, deben «convertirse» hacia una nueva forma de trabajo. En esa capacidad deben entender que, más allá del contenido, lo realmente importante es entender a sus usuarios y lo que buscan en nuestras páginas.

Otros ejemplos

Por último, Shishkin explica que esta forma de trabajo ha trascendido su propia influencia en la BBC y ha llegado a otros medios, por lo que muestra los ejemplos en dos de ellos:

Lo que "The Atlantic" considera las necesidades de sus usuarios.
Lo que «The Atlantic» considera las necesidades de sus usuarios.
Esto es lo que "The Conversation" plantea como necesidades de sus usuarios.
Esto es lo que «The Conversation» plantea como necesidades de sus usuarios.

¿Dónde incluir IA en sitios web de contenidos?

Me interesa de verdad la forma en que la inteligencia artificial puede combinarse con los contenidos y por eso me he pasado los últimos meses leyendo e investigando acerca de este tema, sólo para darme cuenta que hay diferentes formas y métodos para trabajar en el área.

Lo primero es decir que el uso de la IA puede ir desde lo más simple —un generador de textos a partir de datos estructurados— hasta lo más esotérico, como sería el uso de GPT-3 para escribir textos de manera automatizada.

Sin embargo, hay mucho más que se puede mirar, desarrollar y poner en práctica.

En ese sentido, me interesó mucho un artículo que describe la experiencia de Bavarian Broadcasting (BR), un grupo medial de Alemania, que usando herramientas para etiquetar el contenido han sido capaces de segmentarlo y reutilizarlo de maneras que no eran posibles antes.

En sus palabras:

«La publicación basada en datos nos ayuda a hacer más accesibles nuestros contenidos. Cuanto más segmentemos y etiquetemos nuestros contenidos, mejor se podrán encontrar y reutilizar. Esto es válido tanto para nuestros usuarios como para nuestros propios reporteros y editores que investigan en nuestros archivos. Nuestros colegas de los archivos de la BR son especialistas en etiquetado que utilizan algoritmos de reconocimiento facial para etiquetar los contenidos de vídeo o métodos de conversión de voz a texto para hacer que las grabaciones de audio y vídeo sean buscables. La integración de estas tecnologías en nuestros flujos de trabajo proporcionará un mejor servicio a nuestra audiencia y permitirá un mejor periodismo».

Incluso en una publicación (en alemán) le llaman el «principio de Lego en el periodismo» porque «gracias a los metadatos, los bloques de información pueden volver a montarse una y otra vez como ladrillos de Lego, por ejemplo para formar series temporales, agrupar contenidos sobre un tema concreto o incluso centrarse en un lugar específico».

A partir de ese artículo llegué a otro que explora nuevas formas de contar noticias y desde allí, a uno más entretenido aún que consiste en el desarrollo de un sistema basado en versiones, a partir del hecho de que los contenidos se pueden transformar en módulos, con el fin de reutilizarlos de acuerdo a las necesidades de las personas que buscan la información.

La máquina de citas

Por último, me pareció muy atractivo este proyecto de The Guardian y la agencia AFP, presentado a fines de 2021, para la extracción de citas desde noticias publicadas, basado en lo que se puede enseñar a un algoritmo para identificarlas dentro del texto. Con eso crearon «QuoteMachine» que permite hacer búsquedas más precisas de lo que alguien ha dicho acerca de un tema y de esa manera apoyar el trabajo de los periodistas en terreno cuando hacen entrevistas o deben confrontar una fuente que está hablando.

En una primera etapa trabajaron para determinar cómo se presenta una cita en el texto.
En una primera etapa trabajaron para determinar cómo se presenta una cita en el texto.
En la segunda etapa hicieron una revisión manual para determinar el grado de certeza. Usaron un software llamado Prodigy.
En la segunda etapa hicieron una revisión manual para determinar el grado de certeza.
Los creadores de la aplicación QuoteMachine la presentan durante un seminario.
Finalmente, llegaron a la aplicación QuoteMachine en la que era posible hacer búsquedas.

Otra forma de contar historias

Varias veces en este blog hemos hablado de cómo aparecen y se desarrollan nuevas formas de contar historias que generan experiencia entretenidas para quienes consumen esos contenidos.

Volvemos a ese camino con una publicación hecha la semana pasada por The New York Times (requiere suscripción) que usa texto, fotos e imágenes animadas (casi videos) para dar cuenta de una característica que la crítica de espectáculos Amanda Hess descubrió a través de hacer un recuento de las películas de Meryl Streep: su uso dramático de los lentes. Sí, lentes, de sol, ópticos, de cualquier tipo. Con ellos actúa, revela, esconde y presenta más de lo que cabe en la pantalla.

Para ello va entregando argumentos y gracias a un acertado uso del CSS (en particular flexbox), se van desplegando imágenes que van apoyando su historia. El texto no son más de 5 mil caracteres (o sea, dos carillas tamaño carta) que son presentadas en pequeños fragmentos de no más de 250 caracteres, que aparecen rodeados de cuadros con imágenes relativas a lo que se va contando.

Naturalmente, se hace un uso muy interesante del tamaño de pantalla, por lo que la historia se va adaptando al dispositivo que tenga la persona que lo está mirando y por ello pasa de tres columnas de imágenes en tamaño escritorio, a dos columnas en tamaño móvil.

La pantalla de inicio de la historia que une texto e imágenes, vista en el computador.
La pantalla de inicio de la historia que une texto e imágenes, vista en el computador.
La pantalla de inicio de la historia que une texto e imágenes, vista en un celular.
La pantalla de inicio de la historia que une texto e imágenes, vista en un celular.
El relato se presenta en una caja con un fragmento de la historia, no más de 200 caracteres.
El relato se presenta en una caja con un fragmento de la historia, no más de 200 caracteres.

Lo que me parece más atractivo de este formato es que la autora no escribe menos, sino que una cantidad equivalente a lo que ha hecho en columnas anteriores y la diferencia está en la presentación y la manera en que se van presentando los fragmentos, ayudando a lectores acostumbrados a una cantidad de texto estilo Twitter o Instagram. En este sentido, la adaptación es clave y hace que la entrega de información gane y ofrezca una mejor experiencia.

Es decir, todo lo que un escritor quiere respecto de sus textos.

Los mejores trabajos periodísticos digitales

Esta semana se dieron a conocer los trabajos ganadores del Premio Periodismo de Excelencia 2021 de la Universidad Alberto Hurtado, que fueron dirimidos por un jurado en el que tuve el honor de participar.

Una de las externalidades positivas que tiene esta labor es que es posible llegar a trabajos que de otra manera no habría tenido la posibilidad de conocer. Además, es invaluable la posibilidad de conversar con colegas del área e intercambiar puntos de vista acerca de la calidad que exhibieron los trabajos en esta área.

Una de las características que me motivaron a votar por los trabajos que me parecieron mejores (no daré a conocer mis preferencias) es el uso de los datos, la calidad técnica que le saca provecho a la tecnología pero, sobre todo, la capacidad de contar buenas historias usando las herramientas digitales.

Los ganadores anunciados este martes fueron:

La portada del sitio que ganó el Premio Periodismo de Excelencia Digital 2021.
La portada del sitio que ganó el Premio Periodismo de Excelencia Digital 2021.

Una luz de esperanza sobre el futuro de las noticias y de quienes las consumen

Esta semana fue presentado el informe final del trabajo realizado por el profesor Arturo Arriagada de la UAI acerca del consumo de noticias por parte de adolescentes chilenos. Con el título de «Flujos de curatoría informativa en adolescentes«, su objetivo fue investigar lo que conoce como «flujos de curatoria» que se define como aquellos «procesos de producción, selección, filtro, relevancia y enmarcamiento de contenidos» realizados por diferentes grupos que van desde medios y redes sociales hasta familia y amigos de las personas estudiadas.

En un trabajo realizado mediante entrevistas y conversaciones en las que participaron 2.684 estudiantes de 1° a 3° medio (pertenecientes a 29 establecimientos de todas las dependencias del Gran Santiago y la conurbación Valparaíso – Viña del Mar), se logra tener una mirada completa sobre cómo consumen las noticias y qué hacen con ellas.

Entre los hallazgos se encuentran temas desalentadores desde la perspectiva de los medios, ya que los encuestados declaran un bajo uso de los medios como fuente de información, lo que se refleja en este gráfico:

La imagen muestra un gráfico que compara el grado de confianza en diferentes canales para recibir información. Muestra que los medios tradicionales son los menos usados por los adolescentes para informarse.
Los medios tradicionales son los menos usados por los adolescentes para informarse.

Sin embargo, la buena noticia viene más adelante ya que declaran que las noticias que vienen de los medios son las que les merecen la mayor confianza: «La confianza en las noticias de medios tradicionales (radios, revistas y diarios) tiende a ser más alta que en las plataformas digitales, pero el consumo de las primeras tiende a ser más bajo que en éstas últimas. La excepción es la televisión que, pese a no ser la fuente preferida de noticias, sigue siendo importante en frecuencia de consumo y en confianza».

Pese a ello, declaran que el escepticismo es su forma de enfrentarse a toda información que reciben, sin importar el medio: «se evidencia una actitud crítica sistemática hacia los contenidos noticiosos que se extiende tanto a medios tradicionales como a sus redes sociales. Esta actitud se traduce en un comportamiento de triangulación de fuentes ampliamente descrito por los participantes de los grupos focales».

De allí que como conclusión del trabajo, el investigador se ofrezca lo siguiente: «los resultados cualitativos y cuantitativos muestran desconfianza de los escolares hacia casi todos los actores y medios. Por eso creen necesaria la triangulación, pero esta práctica puede ser agotadora si se debe estar realizando de forma constante – quizás por lo mismo, las y los jóvenes declaran que les faltan recursos y formación para hacerlo. En suma, estos resultados señalan posibles vías de intervención en cuanto a la alfabetización digital y mediática de las y los jóvenes en Chile».

El fact-checking funciona para las personas, no para los medios

Un interesante estudio acerca de la práctica del fact-cheking y sus efectos fue presentado esta semana por sus autores, Ingrid Bachmann y Sebastián Valenzuela de la Facultad de Comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica, permitiendo entender mucho mejor qué se puede esperar de esta interesante práctica.

Lo primero es decir que el fact-cheking o chequeo de hechos y datos, y que en este trabajo se quería ver qué efecto causaba su realización. ¿Aminoraba la desinformación? ¿Aumentaba la confianza en los medios? Los investigadores hicieron dos experimentos por cuestionario a población adulta en Chile para examinar la efectividad de la verificación y la corrección de (des)información, además del impacto del fact-checking en las actitudes de los usuarios de noticias en actitudes y comportamientos sobre el quehacer periodístico.

Ingrid Bachmann y Sebastián Valenzuela aparecen durante la presentación del estudio.
Ingrid Bachmann y Sebastián Valenzuela aparecen durante la presentación del estudio.

Comentan en el sitio web sobre el trabajo que un primer estudio examinó el impacto de ‘fact-checks’ en el contexto de la pandemia del COVID-19. Los resultados confirman que el ‘fact-checking’ funciona, ya que aumenta significativamente la precisión de las creencias de las personas. Sin embargo, ninguno de los fact-checks tuvo un efecto directo en las percepciones de confianza de los medios de comunicación.

Un segundo estudio examinó el impacto de ‘fact-checks’ en el contexto de la las elecciones presidenciales chilenas. Los resultados vuelven a confirmar la efectividad del ‘fact-checking’, que cumple su objetivo de reducir la desinformación. El efecto de este tipo de verificaciones es más fuerte para los fact-checks consistentes con las creencias propias, esto es, a favor del propio candidato y en contra de su oponente. También hay evidencia de la exposición a fact-checking tiene un impacto negativo moderado en la confianza en los medios, y puede alterar la percepción de medios hostiles en las personas.

Todo sobre este trabajo se puede ver en el sitio web preparado para su difusión: Efecto Fact Check

Otra lección de historia desde Londres

Hace casi un mes comentaba un trabajo de la BBC que me había entregado una nueva mirada acerca de la historia de mi país. Ahora quiero volver sobre el tema debido a un interesante reportaje publicado por Vice, que también hace referencia a mi país.

Se trata de «The unfiltered story tour«, que hace una revisión de las piezas existentes en el British Museum de Londres sobre las que existen peticiones formales para que sean devueltas a sus países de origen. Entre ellas se cuenta el Hoa Hakananai’a, un moai que fue sustraído de la isla de Pascua en 1868 por Richard Powell, comandante del navío británico Topaze, quien luego lo regaló a la reina Victoria de Inglaterra.

La imagen muestra el sitio web y una foto del moai Hoa Hakananai'a.
El Hoa Hakananai’a es destacado en la navegación del sitio web.

Sobre este moai hay una extensa campaña organizada por los nativos de Rapa Nui (o la isla de Pascua o Eastern Island) para que les sea devuelta. Lo interesante de la propuesta digital es que mezcla una navegación atractiva, con imágenes precisas y audio para contar la historia de cada pieza.

La imagen muestra la interfaz del sitio web en el que destaca el mai.
La interfaz mezcla muy bien los elementos de la navegación con texto, fotos y sonidos.

En el caso del moai, que revisé con más detalle, la historia es contada en audio en inglés (se ofrece la transcripción) y se entrevista al cineasta Sergio Mata’u Rapu y a Tarita Alarcón Rapu, quien impulsó la campaña siendo gobernadora de la isla, quienes explican los detalles de la estatua, del sentimiento en torno a ella y de las actividades que han hecho para lograr que sea devuelta a la isla.

Un gran historia y una gran presentación que vale la pena revisar.

Las nuevas herramientas del periodismo digital

Hace algunos días hicieron el lanzamiento en YouTube y recién pusieron a disposición para descarga el PDF, el libro «Nuevas Narrativas en Periodismo» producido por el equipo de investigación en periodismo digital de la Universidad Nacional del Comahue, en la Patagonia Argentina.

Los autores presentan el libro vía YouTube.

Se trata de una compilación de producciones de integrantes de este grupo de trabajo que lleva 20 años de trabajo y abarca una mirada muy interesante al quehacer en periodismo digital al otro lado de la cordillera. Debo indicar que de ellos conozco personalmente a Alejandro Rost y Alvaro Liuzzi y he seguido su trabajo por años, siempre con aportes muy interesantes.

En la presentación del libro explican que «se trata de una producción que se enmarca en el convulsionado escenario en el que se desarrolla el periodismo actual, en un contexto de dificultades por hallar modelos de financiamiento sustentables, la creciente precarización laboral en el periodismo, el impacto del aislamiento que impuso la pandemia del Covid-19 y el constante y atractivo desarrollo de los sitios de noticias en la web, las innovaciones en el campo de las narrativas y las herramientas nacidas para contar historias».

Recomiendo revisarlo y quiero aprovechar la oportunidad de comentar el artículo «Experiencias periodísticas nacionales en Twitch y TikTok» que aborda lo más nuevo, que es el uso periodístico de las plataformas Twitch (streaming) y Tik Tok (red social de video), escrito por Ezequiel Apesteguía. En su caso se refiere a lo que se está haciendo en el país en ambas, ya que en el sur no hay exponentes.

Además de dar a conocer interesantes ejemplos, me interesan mucho sus conclusiones (p.128), donde indica que «de los 21 casos analizados en Twitch y TikTok, 11 trabajan con un enfoque multiplataforma (volcado o adaptación de la información), mientras que 10 utilizan alguna forma de producción nativa y en consecuencia aplican una perspectiva crossmedia o transmedia (expansión de la historia) a sus contenidos. El análisis de estos últimos muestra un momento de innovación alrededor de los relatos audiovisuales periodísticos, con ejemplos concretos que exploran nuevos formatos, lenguajes y relaciones con los usuarios que rompen los moldes tradicionales y amplían las posibilidades narrativas del periodismo en internet».

La imagen tiene un collage con algunos de los videos de TikTok del diario La Nación.
Algunos de los videos de TikTok del diario La Nación, destacados en el libro.

Lo que me parece interesante es que descubre que quienes usan esos espacio no llevan esas plataformas hacia los métodos habituales de cobertura medial, sino que adaptan al periodismo a lo que allí se puede hacer: «todos abrazan la cultura del remix: hacen uso de filtros, memes, stickers, emojis, recortes culturales y cualquier otro elemento visual que ayude a capturar la atención de los usuarios. En este sentido, las fronteras entre la ficción y la no ficción se siguen desdibujando».

Muy interesante, deja con ganas de seguir estudiando las nuevas plataformas.

Los pueblos de América antes de 1492

Me sorprendió lo poco que sé de la América antes de la llegada de los españoles. Esa fue mi reflexión final tras revisar el interesante reportaje del sitio web de la BBC titulado «12 de octubre: cómo era realmente América antes de la llegada de Cristóbal Colón«.

Con una revisión geográfica de América, desde el norte hasta el sur, muestra quienes habitaban y qué tenían para ofrecer una descripción interesante que tal como señalan, «al contrario de lo que hicieron creer muchos europeos de la época, el continente estaba muy poblado y acogía sociedades dinámicas cuya sofisticación,en muchos casos, no tenía parangón en Europa» y explica que «En América vivían entre 40 y 60 millones de personas, según estimaciones recientes, las cuales hablaban cerca de 1.200 idiomas distintos».

Yo puedo agregar que esa misma visión es la que recibí en el colegio y, aunque con los años he tratado de mejorarla con lecturas, visitas y revisión de nueva información, cuesta llegar a generar una visión diferente de la inicial, que nos mostraba un territorio sin demasiado valor con personas sin ganas de trabajar ni avanzar. De allí que el desarrollo de los conquistadores primero y los colonos después, fuera lo que permitió desarrollar a nuestros países.

Como he hecho antes con otros temas, recomiendo leer y revisar el artículo que usa muchos elementos gráficos y permite hacerse una idea mucho más rica de lo que hubo antes de ese 1492 que nos cambió a todos.

La imagen muestra uno de los mapas de la BBC que muestra dentro de Sudamérica, el amplio territorio que ocupaba el pueblo mapuche.
Uno de los mapas de la BBC que muestra el territorio que ocupaba el pueblo mapuche.

El periodismo inmersivo cambia el rol del lector

Hace unos días se publicó un reporte escrito por Jenni Kangasniemi, una productora de contenidos en Finlandia, que pasó un año en la Universidad de Oxford estudiando temas relacionados con el periodismo inmersivo.

Ella lo define como un término que abarca las noticias que ofrecen experiencias en primera persona de los acontecimientos o situaciones que se desarrollan, mediante la presentación de un espacio digital en el que se anima al usuario a desempeñar un papel activo. Impulsado por los avances tecnológicos en Realidad Virtual (VR), Realidad Aumentada (AR) y vídeo de 360°, este tipo de historias impúñlsaron su desarrollo como ungénero del periodismo entre 2015 y 2016.

En su trabajo, Jenni explica que «La inmersión te deja al centro de todo, logrando que imagines cómo es y cómo suena una cueva amenazada de ser destruida por el turismo o estar encerrado como paciente en un manicomio. Una obra de inmersión de gran calidad permite al lector «perderse» dentro de una historia real».

Por lo mismo, explica que «la inmersión marca un cambio importante en el papel del lector» porque se convierte en un usuario activo, casi como un jugador de un videojuego. Asimismo, destaca que «cuando se pone al usuario en primer plano, se empieza a dar prioridad a su experiencia. La atención se centra ahora en el punto en el que interactúan la historia, el formato y el usuario. Aquí es donde entra en juego la agencia. ¿Cuál es el papel del usuario? ¿Tiene sentido darle un papel activo en esta historia concreta?».

Muchas preguntas y muchos ejemplos, que reciben respuestas en este reporte que hay que tener a la vista.