Un artículo de la BBC explica que en cinco idiomas escandinavos no existe una palabra para decir por favor. No es falta de cariño o exceso de rudeza, sino que en esos lugares se usa una forma diferente para ser amable al pedir o plantear algo.
Pero así como faltan, hay casos de países donde se cuenta con palabras únicas y propias, que demuestran cómo la necesidad de comunicar llevó a que ese grupo de personas inventara alguna forma de decirlo. Sobre eso podemos dar dos ejemplos: en Chile tenemos la palabra “fome” que funciona como sinónimo de aburrido. En Japón existe “tsundoku” para nombrar los libros que compras pero que no lees y que mantienes en una pila que no para de crecer.
Todo lo anterior nos permite sugerir que la habilidad que nos ofrece el lenguaje para representar la realidad que nos interesa es algo en lo que tendremos que especializarnos, en particular en el tiempo tecnológico que habitamos.
Aprender a pedir
¿Y por qué vinculamos lenguaje y tecnología? Ocurre que estamos en un momento interesante en relación con el lenguaje gracias a la inteligencia artificial generativa, debido a que hemos descubierto que debido a que los modelos reciben instrucciones escritas, el resultado que se obtenga dependerá de la calidad de lo que se les diga. Y no nos referimos a tratarlos bien o mal, sino a lo que se les solicita realizar.
Es decir, la capacidad de conseguir resultados adecuados radican en tu habilidad de pedirlo de una manera precisa y concreta. Es decir, si lo haces sabiamente recibes resultados adecuados y concretos. Si, por el contrario, tu solicitud es vaga, imprecisa o mal definida, recibes un resultado que en lo estructural es correcto (es decir, luce bien) pero que en el fondo, no ayuda a la tarea para la que fue creado.
En el prompt está la magia
Una parte no menor de cómo hablar esto con la IA es entender cómo armar una solicitud o prompt. En los últimos meses he estado trabajando de manera diaria con herramientas de inteligencia artificial generativa (con diversos aprendizajes que he juntando en una sección de mi sitio) y puedo sintetizar lo visto en los siguientes:
- Hay que ser explícito en lo que se pide y en lo que se busca como resultado. Existen varios marcos para esto, por lo que se trata de usar un método y perfeccionarlo en el ambiente en que uno trabaje.
- No hay que pedir textos de la nada dejando que la IA lo haga todo, ya que la posibilidad de que genere muchas palabras redundantes y bien organizadas está siempre presente (aunque no mienta ni invente nada). Ya he visto muchos ejemplos de textos largos, correctos y bien hilados que llenan páginas, pero que hacen perder el tiempo.
- Hay tareas inhumanas que pueden quedar en manos de la IA, y así dejar para nosotros las actividades creativas. No hay que renunciar a eso. ¿A qué llamo inhumano? A cualquier actividad que tome tanto tiempo de hacer, que no sea posible llevarla a cabo en los tiempos que disponemos. Sin embargo, lo anterior implica cambiar la forma de trabajo y mover la manera en que funcionamos para dejar a la IA en las tareas que aumenten nuestra eficiencia en lugar de reemplazar nuestro rol.
En resumen, hay que mejorar nuestra expresión escrita y usar las palabras apropiadas para llegar a la síntesis más conveniente, que nos ayude a utilizar a la IA como una herramienta adecuada para nuestros fines.
Ya aparecerá una nueva palabra, que sea apta para explicar esta forma de expresarse ante una máquina. Por mientras, hagamos el trabajo que nos toca.
